29 diciembre 2012

Navidad es volver a casa

Todos volvemos a casa por Navidad.
No es una casa cualquiera, vive y late con los que la habitan, desprende olor a calor y sabor a hogar.
La casa de los abuelos en la que nosotros hemos cogido el testigo para un día pasárselo a los más pequeños. Presencias que son ausencias también ocupan su lugar. Es lo que le hace única y especial y está por encima de cualquier comparación.
Pertenece a nuestro ciclo vital desde el principio y tenemos que cerrar los ojos para verla en toda su dimensión porque la realidad la ha ido trasformando.
Pero ni la más mínima pátina de polvo la cubre porque pertenece al ámbito de la infancia y está entrelazando el mundo de los afectos con los que construimos nuestros propios recuerdos.
Es nuestra casa una de esas palabras con contexto porque significa mucho más que la definición fría del diccionario. Está cargada de olor, de sabor, de compañía y de espacios vitales.
Es la luz del sol perfilando un precioso paisaje castellano con un cielo azul diáfano aunque las temperaturas estén bajo cero. Noches estrelladas con una Luna grandiosa coronada como una diosa protectora y el ojo avizor de Júpiter ejerciendo de vigilante.
Blacky, el pastor mallorquín, nos recibe con saltos de alegría porque sabe de nuestra pertenencia aunque hayamos tardado en volver.
Apenas unas horas por la noche la sella el silencio para recuperar fuerzas. Por la mañana ya hay jaleo y bullicio por doquier.
Un cálido mundo familiar en el que se discute, se ríe, se canta y se juega en equipos donde todos quieren ganar.
La mesa con su mantel de fiesta ya luce preparada.
© María Pilar

23 diciembre 2012

El bastón de caramelo


Se hizo la luz y el abeto lució engalanado envolviéndolo todo en la magia de la Navidad. Fluían las emociones y entre la gente se daban momentos de la más bella estampa navideña. Él era el único que desentonaba, tal vez ni eso, porque nadie se fijaba en su presencia y es que no desprendía las notas de un alegre villancico ni era un muñequito de nieve, tampoco el sonido de la campanita del trineo o el delicado susurro de una burbuja dorada en la copa del abuelo. 

Había salido de las manos mágicas de un joven maestro pastelero que, en vez de los clásicos rojos y blancos de Papá Noel, le había dado la forma y color del bastón de su abuelo dotándole de un corazón cargado de buenos sentimientos. Sin libro de instrucciones le había embarcado en la aventura de la vida para que cumpliera sus deseos.  Y allí estaba, colgado como un adorno más, pero qué apagada quedaba su imagen confuncida entre las ramas del abeto. Desde su rinconcito, deslumbrado por tanta luz y color, tanta música envuelta en felices sueños, su pena iba aumentando a medida que pasaban los días y crecían sus desvelos. Ante el bello christmas que tanta ilusión hizo a todos los de la familia, el bastón de caramelo sintió una punzada en su corazoncito cuando la mamá, disimulando una lágrima, lo había dado un beso antes de colgarlo en un lugar destacado del gran abeto. Si al menos él fuera el lacito de ese christmas le habrían rozado sus acogedores dedos. 

Cuando la magia navideña desapareció, el árbol fue desmontado de su pedestal  y despojado de sus complementos. Yacía en la entrada de la casa a la espera de los peones del ayuntamiento que operaban en el reciclaje de abetos navideños. Compartía su misma suerte el bastón que desolado se deshacía en lágrimas de azúcar que empapaban su envoltorio al ver tan cerca su final sin haber recibido en su corta vida una sonrisa, un chupetón o un te quiero. 

De repente, Nico, el más pequeño de la casa que se arrastraba por el suelo con su tren nuevo, lo descubrió. Con una picarona mirada, lo agarró con sus manos regordetas y, sin quitar el papel de celofán, empezó a lamerlo. Chupetones amorosos de una boquita a rebosar derretían al pequeño bastón que terminó su vida sonriendo. 

 © María Pilar 
 
Este cuento ha sido Cuento publicado interpretado por Juan Izquierdo en: https://www.eloquenze.com/stations/ayuntamiento-de-poblete/posts/el-baston-de-caramelo?fbclid=IwAR0lST3kUJuzhSv02PDnNwqM-6pFA4tWg6baZUAqyNFxXzhgHniP2fKkVWc
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14 diciembre 2012

¡Ronaldo, vente a Aspace! Premio Internacional

El 23 de septiembre de 2012 los de Aspace contestando al jugador de fútbol Ronaldo, que había manifestado estar triste, dejaron este mensaje:
En Aspace nos gusta que la gente esté contenta y feliz. Por eso, le hemos invitado a Cristiano Ronaldo a que se haga voluntario en Aspace-Álava. El chico parece que está triste últimamente, así que nada, le hemos grabado este vídeo para contarle lo bien que se lo pasaría con nosotros.
Si tú también quieres ser voluntario, ¡contacta con nosotros!
Noe, de 16 años y socia de Aspace, colectivo muy querido en nuestra ciudad de Vitoria, dirige al futbolista una carta para que busque otras alternativas como la de hacerse socio de Aspace y le asegura que se le olvidará la tristeza.
El vídeo que protagonizan los propios afectados y que ya triunfó en su momento, ahora nos da una doble alegría. La campaña de captación de voluntarios realizada por una agencia vitoriana con muy poco presupuesto, ha desbancado a firmas internacionales de conocido prestigio. En el Festival de Promociones y Eventos, celebrado en Buenos Aires, se ha llevado el premio a la mejor campaña promocional Europea, además de otros seis galardones en diferentes categorías.
Les felicito por los premios porque se lo han ganado con ingenio, naturalidad y encanto. Les felicito por esos cien socios nuevos que han conseguido que se impliquen en sus actividades y, sobre todo,por contar en el vídeo con los protagonistas principales de Aspace que lo vivieron con una ilusión tremenda y por ofrecer una imagen tan positiva de la parálisis cerebral.
© María Pilar

01 diciembre 2012

Había una vez un circo

En el circo todos los espectadores éramos enanos. Salió el director a la pista con una barba que tenía tres pelos y nos preguntó
—¿Cómo están ustedes?
Todos respondimos a voz en grito
—¡Biiiieeeeeeeeeeeen!
Hacía gestos llevando su mano a una de las orejas para indicar que no oía  y volvía a decir:
—Más alto que no se oye nada ¿cómo están ustedes?
Con un griterío que nos desgañitábamos contestábamos:
—¡Biiiieeeeeeeeeeeen!
Y con cada grito crecíamos y crecíamos y así al director del circo le crecieron los enanos. Pero él, que era un tipo casi divino, siguió desplegando sus números de fantasía y magia y nos metió a todos en el coche de papá y nos dio una vuelta fantástica. Recibiendo la brisa del aire en la cara saludábamos con una gran sonrisa a los que pasaban: ¡Hola don Pepito! ¡Hola don José! A veces nos llevaba en un auto nuevo, si nos mareábamos lo cambiaba por un barquito de cáscara de nuez y en ese sí que hicimos cruceros maravillosos. Todo nos alegraba el corazón y nos inundaban las sonrisas cuando no las carcajadas con la gallina turuleca que parecía una sardina enlatada. El grupo iba aumentando, más y más y nos íbamos haciendo amigos. Susanita nos dejó dar chocolate y turrón a su ratón ¡Ah! y bolitas de anís que también le gustaban.
De repente, Emilio Aragón, que así se llamaba el director, nos dijo adiós; las risas se apagaron y se nos pusieron las patas de alambre porque estábamos desolados. El sol se escondió tras una nube negra y de ella descendió la cruel dama oscura y sombría que odiaba la ilusión y los sueños. Con su guadaña golpeó al circo para destruirlo. Pero cuando se dio cuenta que el circo ya estaba en los corazones de todos los niños y ahí ella no podía llegar, se enfureció tanto que su propia congestión la ahogó y se convirtió en humo negruzco azotado por las garras del viento. Fue cuando nos dimos cuenta que habíamos crecido y ya nada era igual, pero nos bastará cerrar los ojos para encontrarnos con el circo y las vivencias que nos dio.
© María Pilar