31 octubre 2021

Cumpleaños de mi blog

Proyecto Bradbury: 
«Durante un año escribe un cuento corto cada semana. No es posible escribir 52 cuentos malos consecutivos». (5)

 Para mis amigos blogueros: 

 Nací en un lugar de España que hoy ya no existe, no al menos como yo lo recuerdo. Pero es en ese recuerdo donde nace mi fuente de inspiración para escribir. 
 Puedo decir que en mi infancia me acunaron con cuentos. Crecí escuchando historias relatadas con el tono justo, un susurro de voz cuando el tema lo requería, el énfasis en la palabra adecuada. Era la voz de mi padre con sus narraciones viajeras, reales o fantásticas. Sucesos dramáticos almibarados de ingenio y siempre con final feliz. Me fascinaban esas aventuras en las que él, normalmente, era el protagonista y salía airoso. Pronto empecé a inventar mis propias historias. Se las contaba a otros niños y me escuchaban  fascinados. 
 Mi madre me compró el primer cuento. La portada era brillante y muy colorida: un bosque luminoso y un cervatillo tumbado. Me encantó. Tenía cuatro años. La magia de saber leer el título me sumergió en el viaje por su interior. Desde entonces, la lectura me ha abierto puertas al mundo del conocimiento y ha alargado las alas de mi imaginación. Me ha llevado por universos fantásticos de los que tanto disfruto. Me gusta acariciar el libro, el olor del papel, evadirme de lo que me rodea para  colarme en su aventura poniendo cara a los personajes y recreando las situaciones.  
 Si la voz de mi padre me llevó a los cuentos orales, la lectura fue la causante de que empezara a escribirlos. De siempre me recuerdo con un cuaderno en el bolso. Escribo porque siento la necesidad imperiosa de juntar palabras con las que liberar las historias que bullen en mi cabeza. Son las ganas de llenar un vacío, la magia de rescatar del olvido elementos deshilachados que pululan por los entresijos de la memoria y darles la forma de relato. Es la satisfacción de lograrlo. 
 Un día abrí este blog. Tan solo quería mandar a una persona un cuento que había escrito. Lo publiqué y le envié la dirección por email. Para mi sorpresa, apareció un comentario y luego otro. Pasó que Retazos de vida empezó a crecer. Y juntos comenzamos a navegar por la blogosfera. Nos encontramos con una troupe maravillosa. Me gustaría citar uno a uno todos sus nombres. ¡Sois tantos! 
 Por eso os digo,  amigos blogueros, a los de ahora y a los que se quedaron atrás, a los que conozco bien y a los que conozco menos, a los que estáis siempre y a los que estáis a veces, a todos sin excepción: ¡¡GRACIAS!! 

 ©María Pilar  
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21 octubre 2021

Una vida sostenida en el tiempo

Proyecto Bradbury: 
«Durante un año escribe un cuento corto cada semana. No es posible escribir 52 cuentos malos consecutivos». (4)

 Me afanaba en comprender el mundo, pero el mundo se me resistía. Eran momentos en los que, a tontas y a locas, deshojaba la margarita. ¡Cuántas margaritas sacrificadas inútilmente! Cuando dejé de intentarlo, me di cuenta de que mi mundo se había recolocado solo. Como un puzzle, todas las piezas encajaban en un paisaje perfecto, con sus matices, como a mí me gusta.

 Por fin, él y yo nos habíamos encontrado. Era un mundo con volumen y textura. Estimulaba los sentidos. Descubrí un derroche de olores, el frío viento del norte, la sensación de amplitud de los espacios abiertos. Risas y jolgorio. Besos y abrazos reconfortantes que calaban muy dentro. Cerramos los postigos y bajo una luz velada nos atrapó la felicidad.

  Casi sin darnos cuenta nos llegó la noche. Al levantarme, encorvada y con pasos lentos, choqué con la mesilla, di un traspié con la esquina del vestidor, y con las manos temblorosas así la manilla de la puerta. Frente al espejo no me reconocí en la señora que me miraba. Pude verme el lunar cerca del pecho y la nariz respingona, también la mirada aguda de unos ojos empequeñecidos, castaños. ¡Era yo!  Nada podía cambiar, pero era yo. El espejo sonrió y yo también. Entre él y yo, toda una vida sostenida en el tiempo. 

©María Pilar
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14 octubre 2021

El pastor del Gorbea

«Durante un año escribe un cuento corto cada semana. No es posible escribir 52 cuentos malos consecutivos». (6)

 —¡Qué frío! —dijo la joven que tomaba una cerveza en una terraza. 
 —No hay derecho —se quejó su acompañante—. En pleno agosto y congelándonos. 
 —¡Qué nos vendrá en invierno! —añadió el tercero. 
 Vieron que se acercaba el pastor del Gorbea y muy enfadados fueron a por él. ¡Había fallado en los pronósticos aposta! 
 Él, retorciendo la txapela entre las manos, les decía que el monte no le había hablado. Pero nadie le hacía caso. Dolido decidió subir hasta la cima para preguntarle: 
 —¿Por qué no me avisaste? ¿Acaso no ves lo agresivos que están conmigo? Si no llego a zafarme de ellos me habrían pateado.
 El monte se agitó y el pastor emocionado oyó de nuevo la voz ronca y profunda que salía de las entrañas de la tierra: 
 —Mi silencio es la mejor respuesta a tus preguntas. ¡Escúchalo!
—Quizás, los tintos  de más me están ofuscando la mente —confesó avergonzado el pastor tras reflexionar un rato. 
—¡Pues no bebas tanto! 
—Eso haré. —contestó mucho más animado—. Y aprovechó para preguntarle: ¿El otoño? ¿Cómo será el otoño?
—El otoño será soleado, para compensar. 

 ©María Pilar

Nota: El pastor del Gorbea es una leyenda, una figura entrañable en el País Vasco. Para él, el monte no tiene secretos. Se crio entre ovejas desde que era niño y aprendió a desarrollar un sexto sentido para predecir temporales y olas de calor. Realiza la predicción metereológica de cada estación sin más método que la observación y la información que le proporcionan el viento las nubes y sus animales. Sus pronósticos son tan fiables que la gente los antepone a las aplicaciones de los móviles. 

10 octubre 2021

La vecina

Proyecto Bradbury: 
«Durante un año escribe un cuento corto cada semana. No es posible escribir 52 cuentos malos consecutivos». (3)

 La mujer que está asomada a la ventana envidia la vida  de sus vecinos. En el patio de la planta baja, trabajan sin descanso ante su atenta mirada. Él canturrea mientras parte la leña con un hacha. El invierno es muy crudo en el pueblo y va apilando un buen montón de troncos para calentarse. Ella lava ropa en una pila con agua helada. Tiene las manos agrietadas. Mira a su marido y ante el coraje de este sonríe. Moriría si le faltara. A veces, le gustaría darle un abrazo, así, sin más. Se reprime por esos ojos de arpía siempre en la ventana. Por eso, ante la mirada persistente de la vecina, se le ocurre poner una cuerda cruzando el patio de lado a lado, para tender las sábanas. Así tienen algo de intimidad. 
 
La vecina enfurecida saca un palo de escoba y retira las sábanas. El hombre, enérgico, agarra el palo y ella lo insulta y forcejea con sus manos artríticas. Cuando pierde, da un grito de dolor. 
 
Una pareja de la Guardia Civil viene y se lleva al vecino detenido. Pesa sobre él una denuncia de malos tratos a una anciana indefensa. 

©María Pilar
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