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Mostrando entradas de febrero, 2012

A la encina más recia de Villamedana

Esta encina casi centenaria, de lejos parece imperturbable; pero los que la conocemos bien sabemos que rejuvenece todas la primaveras regalando el canto de las aves que juguetean entre sus ramas, da sombra a los que se cobijan bajo su manto para protegerse del asfixiante verano, se vuelve impasible ante los vientos que la zarandean en otoño y oscurece plantando cara como ser inanimado al crudo invierno. Mientras, sus viejas raíces siguen con sabia actividad hurgando la tierra para obtener las sustancias que la mantienen en pie. Aunque señera del lugar admirada y respetada por todos, no se manifiesta engreída desafiando al tiempo; más bien soporta estoica la carga que le aplana sobre su propio eje sintiéndose presa de un tiempo presente al que no pertenece. De ahí que a veces con el susurro de sus hojas se atreva a decir: “yo ya no sé que pinto en este mundo”, lo que está en contradicción con su energía vital que la agarra a la tierra y la sostiene en todo su esplendor. Con los año

Del dolor a la sonrisa

Este fin de semana ha captado toda mi atención un jolgorio y un bullicio de niños, es un patio de colegio a la hora del recreo, la alegría infantil trasciende las ondas y despierta en mí una leve sonrisa; me quedo pegada a la radio hasta que acaba el programa. Es vida, pura vida en directo. El colegio se llama “Begoña Martín Baeza”, curioso nombre ¿no? para un colegio de una aldea en Anantapur (India). Oigo emocionada la relación que tiene con el 11M de 2004. Todo el mundo se acuerda donde estaba ese día al enterarse del mayor atentado terrorista que ha sufrido España. Las risas de los niños se tornan en ruido de sirenas, caos y desconcierto. En apenas tres minutos explotaron 10 de las 13 bombas que habían puesto los terroristas dejando un balance de 191 muertos y 1.500 heridos. Los bomberos buscaban cadáveres entre los hierros retorcidos de los vagones, uno de ellos fue el de Begoña Martín Baeza, joven de 25 años. Sus padres, que son unos padres coraje, decidieron que el dolor por

¿Tan sólo palabras?

En esta tarde de domingo el frío exterior que transmite la nieve a través de los ventanales, lleva a mirar hacia el calor del hogar con nostalgia. Hay palabras que están arriba como "cielo" o abajo como "tierra", en el aire como "mariposa" o en el agua como "pez" y existen palabras muy lejanas en el tiempo y en un lugar que hay que cerrar los ojos para verlo, porque la realidad lo ha transformado; pero ni la más mínima pátina de polvo las ha cubierto porque pertenecen al ámbito de la infancia y están entrelazando el mundo de los afectos con los que construimos nuestros propios recuerdos. Son palabras con contexto, significan mucho más que la definición fría del diccionario, están cargadas de olor, de sabor, de compañía y de espacios vitales. Son palabras que permanecen por los entresijos de la memoria, al acecho, dispuestas a saltar en cualquier momento sin importar el lugar.  Estufa es un lugar de la casa cálido y acogedor, donde se r