Pintura de Víctor Molev
Cardini Spañoleto ̶ su verdadero nombre era Aitor ̶ había llenado el Madison Square Garden precedido por su gran fama de mago ilusionista. Sus trucos tenían magia e inteligencia y engañaba y divertía a la par. Lo que no podía imaginar era la atracción que alguien desde las gradas iba a ejercer sobre él. Era la misma atracción que lo inexplicable de sus actos ilusorios ejercía en las multitudes que lo seguían allá donde se presentaba. Los destellos de las joyas resaltaban la belleza de Nerea sentada como una espectadora más entre las primeras filas del graderío. Su mirada curiosa y expectante le daba un aire de juventud a su madurez actual que a él lo desconcentraba. Tuvo que ordenar a los de seguridad que la sacasen de allí para que su actuación no fuera un fracaso estrepitoso.

La quería como a ninguna otra había querido jamás y se lo merecía todo. Por eso las joyas, auténticas perlas australianas con brillantes, decían los periódicos del día siguiente sobre el gran robo que se había llevado a cabo en una joyería vitoriana, una banda organizada del este, muy peligrosa. Su trabajo de barrendero municipal no le dio a ella el menor motivo para desconfiar del regalo, con lágrimas emocionadas le agradeció que se desprendiera del tesoro más valioso que le había dejado en herencia una tía abuela viuda de un capitán de marina mercante. Él solo, con sus excepcionales dotes de observador, la habilidad de sus dedos y su concentración mental, había dado limpiamente el golpe sin despertar la menor sospecha. 

Hasta entonces los juegos de prestidigitación e ilusionismo lo habían ocupado horas y horas. La capacidad de concentración era un rasgo de su carácter que siempre lo había acompañado y que los demás, viéndole tan introvertido y solitario lo achacaban a su rareza. Su aspecto bonachón y su amabilidad siempre lo habían protegido, pero se preguntó ¿quién lo protegería cuando Nerea saliera a la calle luciendo esas joyas ahora que todo el mundo las conocía? Esa misma noche desapareció y las lágrimas de Nerea cerraron durante años el estuche.