Hace muchos, muchos años, Urjauzi y Otsoa, dos jóvenes pastores, vivían en la zona del monte Gorbea. Eran grandes amigos desde la infancia. Sucedió que cierto día Urjauzi oyó de pronto un dulcísimo canto mientras pastoreaba su rebaño por las campas de Gujuli. Se sintió tan atraído por aquella maravillosa melodía que se olvidó del ganado y raudo se adentró en la espesura del bosque. Los sonidos de sus pisadas sobre las hojas caídas rompían el silencio y ocultaban otros ruidos apenas audibles que hacían pensar en seres del bosque que lo observaban sorprendidos con los ojos bien abiertos. Los troncos de los robles centenarios adquirieron características de monstruos, tal como se relata en los cuentos, el olor a tierra húmeda hacía irrespirable el lugar y la espesura lo llenaba de misterio, pero Urjauzi no fue consciente de esas señales. Al final de una pronunciada pendiente, separó unas ramas de sauce y pudo contemplar la quietud de las aguas de la laguna Lamioxin, de la que procedía el ...
Un blog de relatos

Es la sombra del pasado que dará paso al futuro. Un abrazo
ResponderEliminarGracias, Ester. Un abrazo.
EliminarLindo poema. Te mando un beso.
ResponderEliminarGracias, Citu. Un beso!
EliminarSe lo vas a decir a un maño. Vendrá el cierzo a echarle una mano.
ResponderEliminarBuen poema, María Pilar.
Un abrazo.
¡Jajaja! Sabes muy bien de lo que hablo, Chema.
EliminarUn abrazo.
Hola, María Pilar.
ResponderEliminarEl ayer siempre conservará color, a vida, atesoramos los recuerdos con la nostalgia de que nada malo sucedió engrandeciendo cada momento vivido. Obviando o perdonándole sucesos, somos más permisivos con él. Por el contrario, en el presente se convive entre matices y sombras.
Estupendo poema simbólico.
Un beso.
Muy buen análisis, Irene.
ResponderEliminarUn beso.
Cuando yo era pequeña había muchas nieblas en invierno en León y me gustaba mucho porque no se veía la casa de enfrente y me permitía imaginar que allí, detras de la niebla, había cualquier cosa que yo quisiera. Co el cambio climático, ya casi nunca hay nieblas como aquellas.
ResponderEliminarHermoso tu poema.
Un beso.
No recuerdo nieblas de pequeña, mis días de entonces son luminosos, aunque hacía mucho frío o mucho calor, dependiendo de la estación del año. Ahora, en cambio, las nieblas salen a mi encuentro con un significado no tan bello como el tuyo de niña.
EliminarUn beso.
También yo nací en una tierra de nieblas perpetuas, supongo que por eso me gusta, envolviéndolo todo en ese halo misterioso y sí parece que lo difumina todo, bueno y malo..y mientras permanece necesitamos luchar para adecuar nuestra mirada ansiosa de luz y nitidez. Me ha gustado mucho tu poema MARIA PILAR, siempre que vengo me gusta lo que escribes y ahora que lo pienso creo que es la primera vez que te leo poesía.. preciosamente honda tu vena lírica : ) Un beso guapa!
ResponderEliminarGracias, María. La verdad es que me siento más cómoda escribiendo relatos, pero últimamente escribo poco y cuando lo hago, solo son unas breves líneas como estas de la niebla.
Eliminar¡Un beso!
Hola María Pilar, siempre me han atrapado tus poemas. Como este sobre la niebla, de la que es inútil quejarse pues permite hundirse en ella para pasar inadvertido. Un abrazo.
ResponderEliminarLa niebla es una fuente de inspiración y depende del estado de ánimo de quien la observa. Me ha encantado eso de hundirse en ella para pasar inadvertido. Un abrazo!
EliminarHola, María Pilar. Un poema muy evocador. Cuando hay un corazón limpio, no existe niebla que no te deje ver el horizonte.
ResponderEliminarFeliz finde. Bstes.
Gracias, Emma, por pasarte por aquí y dejarme tu comentario.
EliminarBesos.
Esa sombra inolvidable e efímera. El presente nos abre más puertas.
ResponderEliminarGracias María Pilar por regalarnos belleza en tus poemas.
Feliz primavera
Gracias, Carmen, por pasarte por aquí y dejarme tu comentario.
EliminarBesos.
Gracias por compartir tus letras, poera.
ResponderEliminarGracias a ti, Oswaldo.
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