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Contra el maltrato infantil

Amedrentados por las sombras que sus propias figuras proyectaban en las tinieblas a la luz de la vela, los dos hermanos se arropaban para hacerse compañía. El vino producía un sonido metálico al caer en el garrafón de cristal. De pronto, una oscuridad taponó la boca de la cueva. La vela se estremeció, un viento frío agitó los toneles, las gotas de humedad lloraron suspendidas en la bóveda, el crujir de las maderas se silenció, tan solo un caballo desbocado por corazón y unos pasos que se acercaban. El niño se escabulló al instante. La niña no corrió la misma suerte.

Comentarios

  1. Muy bien relatado, pobrecita mi cielo, revuelve mi niñéz...no había escapatoria, cuando logré contar algo, peor fue.

    Besitos!

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  2. Gracias Graciela por tu participación. Lo he escrito con el alma, pero nunca sabes la impresión que van a captar los demás.

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