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Grito de mujer: mutilación genital femenina

Perdóname mi niña herida
Para que puedas dejar al lado el rencor
No perdón del que olvida
Porque nunca se supera tanto dolor.
El grito de tu mutilación enrojece al cielo
Y no puedo ayudarte
El grito de tu mutilación taladra mis oídos
Y no puedo liberarte.
El aire me trajo el olor de tu lecho
En la tierra ensangrentada
La noche lloró lágrimas dolientes
Mi impotencia, la piel me arrancaba.
Ocho terribles días postrada a tu lado
Envuelta en tu dolor
Ocho terribles días espantando a la muerte
Maldiciendo esta tradición.
Ahora muerta para siempre tu sonrisa
Quiero decírtelo mi niña, tu padre habló:
“Si se muere hazte idea que el muerto soy yo”
Así no se habla a una madre,
Pero su palabra fue mi valor
Que me ignoren, que me rechacen todos
Que los miedos se los lleve el río
Que a tus hermanas, las libraré yo.
© María Pilar


A Amina, madre, coraje donde las haya, que confió en mí y me contó sin una lágrima, pero con un dolor inmenso, esta historia tan dura como real que le ocurrió cuando regresaron a su país de África para pasar unas vacaciones.
La abuela que los esperaba, con gran alegría cogió a la niña nada más llegar y aquel atardecer le hizo el emuatare, la ablación, ayudada por otras mujeres.
Amina sufrió lo indecible, escondida pero vigilante, haciendo suyo el dolor de su hija. Cuando se la entregaron, la hemorragia era tal que creyó que la perdía. No se separó de ella durante siete días con sus siete noches. Todo el tiempo le hablaba, le pedía que no se fuera, que no la dejara porque no podría soportarlo.
Amina es muy religiosa, pero sabe que esto nada tiene que ver con la religión, que es una costumbre tan ancestral como el mundo. Sabe de su impotencia para defender a sus hijas en la tierra que la vio nacer, porque ella allí, ante la suegra, es un cero, nada.
Ahora tiene miedo por sus dos hijas más pequeñas, sabe que no podrá librarlas. Y yo, desde un país europeo, tampoco puedo hacer nada para ayudarla. Tan solo unirme a su #Grito de Mujer con la esperanza de que otros muchos se unan y el grito de todos paralice esta práctica que causa tanto dolor indeleble de por vida, mutilación y sometimiento de la mujer. 
¡Si hubierais sentido su dolor! 
¡Si hubierais visto las lágrimas contenidas en su profunda mirada!
© María Pilar

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