Ir al contenido principal

En el quirófano

Frío, frío es lo que notaba y dos enormes ojos bisojos, de neón, que se me acercaban y se alejaban desacompasados. Mi estado de ansiedad contrastaba con los comentarios jocosos y el ambiente de risas que pululaba entre el equipo de enfermeras en torno al cirujano cuya bata verde dejaba entrever su corpulencia. Este, sin piedad, ya me estaba clavando una enorme aguja directamente en el nervio de la mano derecha. “Tenía que inmovilizarla” decía, para poder operar. “Salvaje” “Salvaje”, pensé. La mayor de las enfermeras con una sonrisa burlona que se ensanchaba me preguntó:
—¿A que tú estás con nosotras?
—No, no; yo estoy con el doctor, en estos momentos no puedo decir otra cosa —le respondí modosita, más que nada por no contrariar al cirujano cuyos brutales instintos intuía.
La voz socarrona del doctor sonó como un eco deformado de mis palabras: “En estos momentos no puedo decir otra cosa”
Una vaga sombra empezó a aparecer por encima de la manta que me cubría. Fue creciendo y proyectándose por todo mi cuerpo hasta llegar a taparme completamente. Era la del doctor que quitándose la mascarilla, se inclinó ante mí con una mueca salvaje mostrando el trofeo:¡Un dedo sanguinolento que aún lucía mi anillo!

Comentarios

Más vistas

El cuarto de atrás - Reseña

Autora: Carmen Martín Gaite Género: Ficción política Año de publicación: 1978 Ediciones Cátedra, 2023 Páginas 277 Premio Nacional de Literatura 1978 Pretender al mismo tiempo entender y soñar: ahí está la condena de mis noches.     (Carmen Martín Gaite). El cuarto de atrás es una novela compleja, llena de simbolismo y un tanto peculiar. Se engloba en la categoría de metanovela. ¿Y esto, de qué va? Es de esos libros que antes de leerlos tienes que saber precisamente eso, de qué va. Una metanovela trata del propio proceso de creación de la novela, va realizándose ante el lector. Cuesta coger el hilo argumental, sobre todo al principio, porque los elementos saltan en el tiempo y desaparecen o se superponen unos a otros de manera desordenada, lo que les da más viveza, pero puede ocasionar confusión.  Una clave para leerlo es que estamos ante un sueño. Si lo lees dejándote llevar, con esa actitud de escucha que tiene en la novela el hombre vestido de negro, poco a poco, ...

El día después de la tragedia

Pasada la tormenta, el mundo se silenció y llegó la calma. La luna de agosto iluminó una calma siniestra reflejada en la tumba de las aguas. Las primeras luces del alba empezaron a dibujar formas en la penumbra. De manera abrupta, emergía un objeto o una persona conocida que encogía el corazón de los que quedaban vivos, para ser rápidamente engullido y arrastrado. Exhaustos, atenazados y deshidratados por el rugir de la hecatombe y con los gritos que les perseguirían de por vida, rompieron las sombras, y en silencio afrontaron los escombros, sin más recursos que la fuerza de voluntad de la naturaleza humana para sobrevivir. Entre troncos, derrumbes y lodo, se encontraban con el rostro de la amargura, la desesperación y la muerte. El arroyo, que se resistía a volver a su cauce, persistía en atrapar riachuelos que bajaban de manera tortuosa por las calles estrechas y empinadas. Ese ruido estridente del agua, resultado de su furia tremebunda, era lo único que se percibía en aquel va...

El color de la añoranza

> Añoro llegar a tu casa y que estés. Entrar y verte en chándal sentado en el sofá, con la tele puesta, pero parece que no la sigues; estás con el periódico o leyendo un libro. ¡Cómo te gustaba leer! Todo era prescindible cuando llegaba yo, como si lo más importante en ese momento fuera nuestro encuentro, te dedicabas a mí por entero. Añoro no poder contarte que ha habido inundaciones en Astigarraga y que he visto por la tele tu antigua casa; bueno, esto seguramente me lo contarías tú. Cuando paso por delante de tu casa, siempre se me van los ojos hacia el balcón en el que tú no estás, pero inconscientemente —porque soy una inconsciente— pienso que estarás escribiendo alguno de tus poemas y que cuando nos encontremos seguro que me lo lees.  Me gustaría decirte que el mundo sigue girando y con él nuestras vidas. Me gustaría hablarte del día tan espléndido que tenemos hoy, como si no supiera de tu marcha, un cielo azul y la brisa fresca que trae olores de primavera. La primavera...

Caperucita en Manhattan

Leer más relatos aquí Las luces de emergencia iluminaban lo suficiente como para saber dónde estaba. También el lío en el que Carla se había metido. Tanta grandiosidad la empequeñecía. Se encendieron las alarmas en su cabeza. Se había quedado encerrada en la torre más lujosa de la Quinta Avenida.  Su grupo escolar, con la monitora, habían subido al mirador Top of the Rock en el último ascensor de la tarde. Cuando llegó el momento de bajar, al salir del ascensor, Carla se entretuvo curioseando el retrato del primer Rockefeller que estaba en la pared de enfrente. Una cabeza afilada rodeada de una pelambrera lobezna; las aletas de la nariz dilatadas, como olfateando algo, le daban cierto aire de animal al acecho. «¡Qué hombre tan horrible!», pensó. No pasó mucho tiempo, el suficiente para quedarse sola. ¡Se habían cerrado todas las puertas! ¿A dónde se habían ido todos? ¿Y los vigilantes? Aquello no le podía estar pasando. El silencio era total.  Hecha un ovillo, se sentó en uno de lo...

A la deriva - Cuento de Horacio Quiroga

Ficha Técnica     Título: Cuentos de amor, de locura y de muerte    Autor: Horacio Quiroga    Género: Cuento    Editorial: Sociedad Cooperativa Editorial Limitada    Año de edición: 1917    País: Uruguay    Resumen      El protagonista del cuento, Paulino, pisa una serpiente venenosa que le muerde en el pie. A causa de este incidente, inicia un viaje por el río Paraná hacia un pueblo vecino donde espera que le salven la vida.       Valoración personal        Horacio Quiroga mantiene en este cuento las tres constantes que le caracterizan como el gran cuentista que es: brevedad, intensidad y tensión constante.     Lo que más impresiona es la lucha por sobrevivir del protagonista al que, a veces, lo llama por su nombre y otras no dice nada más que “el hombre”. Como si a cualquiera de nosotros nos pudiera ocurrir lo mismo. Una lucha desesperada, por ganarle la batalla a la muerte, por no rendirse, aunque ...