Ir al contenido principal

Condición de mujer

Caras Ionut
Quiero compartir la alegría de la sorpresa
Queda y callada me acerco con ilusión

La voz del dolor ahoga mis emociones
Las sombras se encogen con desidia
Momento culpable de una tristeza infinita
El volcán escupe sus oleadas de fuego
Las heridas tardarán en cicatrizar

Quiero pintar una sonrisa en mi alma
Quiero regalarme una brizna de felicidad

Necesito tiempo para ensamblar el barco
Un encuentro con mi soledad
Olvidar los fantasmas que me acosan
Salir airosa de este vendaval

Quiero pintar una sonrisa en mi cara
Quiero mostrar alegría ante la dificultad.
© María Pilar

Comentarios

  1. Estuve hablando con mi papá, sobre los femicidios. Ha cumplido 79 años, le pregunté si consideraba que hoy la violencia era mayor.
    Ha dicho que sí, será que antes las mujeres soportaban todo?

    Te dejos besos :)

    ResponderEliminar
  2. En España en este 2011,ya son 58 las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas. Hoy hay una gran sensibilización social con este tema,se ve como un problema social; antes se tapaba más y se veía como un problema personal. Tal vez por eso las mujeres se veían más indefensas y aguantaban todo.

    ResponderEliminar
  3. Caramba! 58 mujeres :(

    Es difícil salir del entorno violento, pero no imposible.

    ResponderEliminar
  4. Esperemos que la número 58 sea la última. ¿?

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Este blog permanece vivo gracias a tus visitas y comentarios. Te agradezco estos momentos especiales que me regalas.

Más vistas

Malala Nobel de la Paz

¿De dónde sacabas tanto valor, mi niña? ¿De dónde esa fuerza que te hacía mantener una fe ciega en el horizonte que estaba por venir?  No hace mucho que te conozco, pero desde el principio sentí una conexión especial contigo y ¿quién no? Sentí que el sol brillaba más cuando nos llegaron noticias de que estabas mejorando de las agresiones que te ocasionó el que quiso matarte. Ese tiene que ser un día especial para ti porque has vuelto a nacer. Cosas malas ya las has vivido en tu corta vida, a partir de ahora encontrarás buenas y hermosas porque por fin se van a realizar tus sueños. Seguro que en todo el proceso que llevas, más de una lágrima se habrá deslizado por tu rostro destrozado y me duele tanto, pero estos días se tornarán en lágrimas de alegría y amor. Tu fuerza interior es la que ha hecho que volvieras a la vida y esta, seguro que saldrá fortalecida. Es hermoso leer lo que escribías en tu blog en el que proyectabas tanta sinceridad y claridad de ideas que a mí me emociona...

La llamaban loca

Antes de abrir la puerta del despacho del doctor Zulueta se detuvo un instante para ajustarse el nudo de la corbata. Se sentía satisfecho. —Doctor, venía para llevarme a mi esposa. —Si hace apenas dos meses que la ingresó con un cuadro agudo de ansiedad. —Y que no hablaba, ¿se acuerda? —El doctor asintió —. La culpa de todo la tuvo el gato. —¿El gato? En el informe de ingreso no mencionó ningún gato. —Me contó que anochecía cuando lo vio cerca de nuestra casa. La siguió. Se le enredaba entre las piernas y ella le acariciaba el lomo con su pie descalzo. Tenía que ver cómo respondía zalamero a las carantoñas con su ronroneo. Mi esposa cambió, doctor, no era la misma. Su llanto desesperado llenó la casa durante tres días. Después, el silencio. Me miraba con ojos de espanto. La mujer que más he querido... Ahora participa en juegos de mesa, sonríe y habla. Puede volver a casa. —Me queda una duda, ¿qué vio o qué sintió una mujer tan serena y cariñosa en el momento que rompió en aqu...

El reloj de la estación

Existen situaciones tan incomprensibles en la vida de los grandes personajes que a uno lo dejan perplejo. Era la persona más rica de España y uno de los multimillonarios más poderosos del planeta. Un potentado de la industria textil que había creado una marca con la que revolucionó el mundo de la moda. Dudé en ponerle un nombre para que pareciese el personaje principal de la historia que me estaba inventando; preferí dejarle en el anonimato. En su situación podía vivir una vida de ensueño. Pero no, sus intenciones siempre eran sibilinas. Aquel día me ordenó que lo llevase a un pueblecito de alta montaña. «Treinta casas y más de la mitad deshabitadas», me chivó el señor Google regodeándose. Tras curvas y curvas flanqueadas de frondoso arbolado y luz primaveral, en medio de un enclave natural privilegiado, encontramos la pequeña aldea. Creí que empezaba a entenderlo. Seguro que quería perderse en aquel paraje para liberarse de la vida ajetreada que llevaba. Volvió a sorprenderme. A...

Diálogo interior

Intento cumplir, como cada Año Nuevo, con los propósitos a cumplir. He empezado a ir al gimnasio. Voy por la mañana porque pensaba que a esa hora estaría vacío, pero no; parece que he coincidido con el pensamiento de mucha gente. Al entrar, todos nos sacudimos la nieve que traemos encima.  En la puerta, un vigilante nos indica que no se puede pasar al gimnasio con la ropa de calle, aunque vayamos con chándal. ¡Cómo para entrar con las pintas que llevamos! Estoy absorta esperando que abran el gimnasio cuando unos brazos se mueven y cruzándose lentamente buscan sus axilas donde parece querer esconder sus manos. Capto la mirada de compasión de aquella que los sigue con insistencia, con un punto de morbo y la expectación insana suficiente para proclamar sin voz: ¿Tú, vas a hacer gimnasia en este grupo?  En el gimnasio se ha puesto a mi lado. —No lo mires, que te conozco —me increpa mi yo interior tan sensato. —Déjame en paz, es muy guapo —le contesto —Ya, ya, con que guapo...

Rebelión en Ataria

Aitor salía de comer del Ruta de Europa cuando oyó el móvil. Al ver el prefijo de Francia tuvo un mal presentimiento. Lo dejó pasar. Se cerró el anorak y corrió hasta el camión para protegerse del frío polar que asolaba la ciudad. Con las manos heladas conectó el motor y partió hacia Pamplona, su próximo destino, con música de jazz a volumen bajo. Volvió a sonar. Pulsó aceptar con el corazón en un puño. —¡Qué hostias pasa, tío! ¡¿Por qué no contestas?! —La voz autoritaria le confirmó lo que intuía. —¡¿Quién coño eres?! —le contestó intentando ocultar su nerviosismo. —Mira, Ortzi, a mí no me vaciles. Tenemos un trabajo para ti. «Ortzi —pensó—, el seudónimo que muy pocos conocían». Rememoró su época de estudiante ahogándose entre botes de humo, gritos, tiros y, después, silencio. Y en el silencio, agazapado, el miedo. Un profesor lo reclutó, junto a otros compañeros, para luchar por la libertad del pueblo. Más tarde, tuvieron su propia revolución interna y el ala dura se hizo c...