Ir al contenido principal

¿Tan sólo palabras?

En esta tarde de domingo el frío exterior que transmite la nieve a través de los ventanales, lleva a mirar hacia el calor del hogar con nostalgia.
Hay palabras que están arriba como "cielo" o abajo como "tierra", en el aire como "mariposa" o en el agua como "pez" y existen palabras muy lejanas en el tiempo y en un lugar que hay que cerrar los ojos para verlo, porque la realidad lo ha transformado; pero ni la más mínima pátina de polvo las ha cubierto porque pertenecen al ámbito de la infancia y están entrelazando el mundo de los afectos con los que construimos nuestros propios recuerdos. Son palabras con contexto, significan mucho más que la definición fría del diccionario, están cargadas de olor, de sabor, de compañía y de espacios vitales. Son palabras que permanecen por los entresijos de la memoria, al acecho, dispuestas a saltar en cualquier momento sin importar el lugar. 
Estufa es un lugar de la casa cálido y acogedor, donde se reúne toda la familia en torno a la mesa, o simplemente están charlando; mientras, los pequeños juegan en el suelo percibiendo la seguridad o las inquietudes que los mayores les transmiten
Trébede es el suelo de la estufa tan caliente que no se puede pisar directamente, los cristales empañados invitan a hacer garabatos con los dedos por donde se ven los silenciosos copos de nieve uniformándolo todo.
Cocido es un olor característico al entrar en casa y un sabor contundente; no puede faltar una madre en la cocina ultimando todo para empezar a comer.
Brisca un juego de cartas que reúne a mayores y pequeños las tardes de domingo, la edad no es un pase directo al triunfo, gana quien suma el mayor número de puntos.
Palabras, palabras, palabras...

Comentarios

  1. Hubo un escritor que dedicó nueve palabras en honor del pueblo de Villamediana. Tú eliges sólo cuatro y nos dejas con ganas de más...

    ResponderEliminar
  2. Ese escritor sabía de lo que hablaba porque vivió en Villamediana. Yo tengo muchas, muchas más; mi intención en este post era no aburrir. Gracias por leerlo.

    ResponderEliminar
  3. Hola mpmoreno, la mar de internet me ha traído hasta aquí. La deriva, una ola de enlaces que enlazaba a otra y esta a otra más hasta recalar en tu narración: ¿Tan solo palabras?.
    Me ha encantado y ya me tienes aquí como seguidor, no te pierdo.
    Invitada quedas al mío y quédate si ves algo que te parezca interesante, abrazos y achuchones y claro feliz verano.

    Montesinadas
    http://montesinadas.blogspot.com.es/

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Este blog permanece vivo gracias a tus visitas y comentarios. Te agradezco estos momentos especiales que me regalas.

Más vistas

Atasco de la memoria

Mi participación en el reto conjunto del blog Acervo de Letras y el blog El Tintero de Oro . Las condiciones son: El reto consistirá en escribir un microrrelato de 250 palabras protagonizado por un escritor/a desesperado/a por su falta de inspiración, que se encuentra un Tintero de Oro con un mensaje grabado: «pídeme un deseo y lo verás por escrito», aunque este contrato tiene una letra pequeña: «pero todo tiene un precio» Estoy en un atasco en la autopista del norte. Los tres carriles se han reducido a uno y estamos parados como una serpiente kilométrica. En el sillón del copiloto llevo unos libros de una novela escrita por mí. El periódico doblado en el salpicadero me muestra en una foto muy sonriente. Leo el titular: «La exitosa escritora presenta hoy el final de su tetralogía». ¿Dónde la presento? Puedo enterarme leyendo el artículo, pero yo debiera saberlo. Tal vez el periódico es atrasado y estoy de vuelta. Tanto si ya ha ocurrido el hecho como si va a ocurrir, ¿por qué no s...

Los pastores del Gorbea

Hace muchos, muchos años, Urjauzi y Otsoa, dos jóvenes pastores, vivían en la zona del monte Gorbea. Eran grandes amigos desde la infancia. Sucedió que cierto día Urjauzi oyó de pronto un dulcísimo canto mientras pastoreaba su rebaño por las campas de Gujuli. Se sintió tan atraído por aquella maravillosa melodía que se olvidó del ganado y raudo se adentró en la espesura del bosque. Los sonidos de sus pisadas sobre las hojas caídas rompían el silencio y ocultaban otros ruidos apenas audibles que hacían pensar en seres del bosque que lo observaban sorprendidos con los ojos bien abiertos. Los troncos de los robles centenarios adquirieron características de monstruos, tal como se relata en los cuentos, el olor a tierra húmeda hacía irrespirable el lugar y la espesura lo llenaba de misterio, pero Urjauzi no fue consciente de esas señales. Al final de una pronunciada pendiente, separó unas ramas de sauce y pudo contemplar la quietud de las aguas de la laguna Lamioxin, de la que procedía el ...

La otra Navidad

  Al anochecer en estos días de crudo invierno, Sergio se cubre con un gorro negro de lana y una chamarra ajada. Con una bolsa de compra en la mano sale de casa a su tarea en los contenedores de basura.  Hoy hace un frío intenso y unas chiribitas de nieve pululan antes de posarse en la alfombra blanca que cubre la ciudad. El pisar de las personas cruje en la nieve. Como sombras en la noche, con grandes bolsas de regalos, pasan raudas mirándolo con desconfianza. Después el silencio solo es traspasado por las notas de un piano que desde un bar cercano perpetúa la canción «Oh, blanca Navidad». Con el cuerpo invertido rastrea con un palo las fauces del abismo donde espera encontrar un rayo de felicidad que alegre su hogar. Lo que ve bajo la lánguida luz de la farola le produce un estremecimiento: Cuento de Navidad de Charles Dickens . Lo coge tembloroso. El hielo interior empieza a resquebrajarse y da paso a un acogedor salón familiar donde un niño descubre los regalos navideño...

El puente de las artes

Con este relato participo en la convocatoria de Myriam sobre puentes, de los relatos jueveros.   A mi hermana le ha tocado en un sorteo del BBVA un maravilloso viaje a París para dos personas. Por cuestiones de trabajo no puede ir. ¿Te apetece acompañarme? En Orly nos esperará un chófer con un cartel donde leeremos nuestros nombres: Aitor y Marta. Nos daremos con el codo al verlo. Nos entrará la risa tonta. Con su gorra de plato y en un flamante mercedes nos mostrará la impresionante Ciudad de la Luz que enamora a todo osado que se atreva a mirarla como lo haremos nosotros.  Yo te comentaré que la ciudad de los bulevares, con los parques, las brasseries y los tejados grises, me parecen el más bello escenario que nos podamos imaginar, pero que la nota de color se la ponemos los turistas. Me llamarás ilusa con esa sonrisa tuya que tanto me gusta. Y de repente, la veremos y diremos los dos a una: ¡la Torre Eiffel! Disfrutaremos callejeando a nuestro ritmo — bonjour madame, bon...

No es más que un breve adiós

El sol tímido y vergonzoso, por fin, se deja ver por estas tierras del norte y con su suave caricia nos anuncia que el verano está al llegar. Un verano seguramente corto, no los tres meses que marcan los cánones para cada estación, pero me apetece romper la rutina diaria y hacer esas cosas que por falta de tiempo he ido aparcando. Volar sin ataduras ni rígidos horarios de trabajo, viajar, leer, escribir, ver otros mundos que pueden estar lejos o al lado de mi casa y que con las prisas de la vida he pasado por alto. Porque estáis ahí, porque he tenido la suerte de encontraros, no puedo marcharme sin despedirme, os habéis hecho especiales y ya ocupáis un lugar allí donde crecen los sentimientos. Gracias a todos los que me habéis leído y en particular a los que entrada tras entrada habéis dejado vuestros animados comentarios. Me gusta despedirme de vosotros como si se tratase de amigos que durante un tiempo no voy a ver. Me habéis dado mucho: risas, compañía, retazos de vida e historia...