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Parque Nacional de Aigüestortes i Sant Maurici (2)

Otro mundo es posible y al menos durante unos días nos sumergimos en él. Por fin las fuertes y continuas borrascas han pasado y el sol que amanece tímido va cogiendo fuerza en su pelea con la nieve a la que va obligando a retirarse. Los duros hielos son más resistentes y graban nuestras pisadas firmes, a veces; inseguras por momentos; pero la marcha bien merece la pena disfrutando de las agradables vistas y de la atmósfera que luce sus transparencias sobre este precioso lugar de altas montañas. La nieve que lo había uniformado todo en los últimos días, va dejando paso al verde oscuro del bosque de abetos y pino negro que sostiene las altas cumbres nevadas intentando tocar el azul del cielo.
El emblemático lago Sant Maurici semeja una gran pista de hielo para hacer acrobacias al ritmo del run-run del agua que acompaña la melodía de tantos trinos que se oyen por doquier. Al lado del lago, Les Encantats se retuercen con un grito desgarrador sin poder evitar la maldición que los está convirtiendo en piedra.
Seguimos la empinada cuesta, podemos distinguir el caudal del agua del río Escrita por su sonido en los diferentes tramos. Ahora nos desconcierta un ruido ensordecedor, es la cascada de Ratera que se precipita al vacío con tal ímpetu y fuerza que arrastra todo lo que encuentra a su paso. Y es que el protagonista durante todo el recorrido es el agua que salta, corre y brinca juguetona y divertida, a veces se pone a nuestro nivel a veces juega al escondite y otras, te sobrecoge.
Aquí y allá saltan instantes poéticos donde el alma de la Naturaleza brilla en su plenitud, el reflejo del sol abrillantando el musgo del sotobosque, el contraste entre la grandiosidad del lugar y las pequeñas y delicadas flores de vivos colores, la musicalidad de fondo, el olor a naturaleza pura, en su esencia.

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