El lugar que amamos, ese es nuestro hogar, un hogar que nuestros pies pueden abandonar, pero no nuestros corazones. (Oliver Wendell Homes) La memoria del amor Encuentra tu rostro familiar Cercano y luminoso Aviva nuestros corazones Nostálgicos Esa noche nos quedamos ahí sentadas. El fuego se fue haciendo más débil, aunque aún notábamos el calor de la estufa. El reloj de pared hacía tic tac y una lechuza llamó a otra lechuza. —Tienes que irte a la cama —me dijo, inclinada sobre la Sínger que, intermitentemente, irrumpía en el silencio. —Yo me quedo a terminar esto. —Y me mostró el nuevo vestido que me estaba haciendo. En la habitación no podía apartar la vista de la niña que me miraba tras el cristal de la ventana sin persiana. El cabello corto con flequillo le ocultaba el rostro, mientras que las trenzas lo despejaban. Se las habían cortado para que pudiese peinarse sola. Ella me contemplaba fijamente para que viera en su mira...
Un blog de relatos

Aghhh!!!!
ResponderEliminar¡Jajaja!
EliminarUn saludo Alfred.
Para una vez que te tropiezas con un fantasma no vives lo suficiente para contarlo. Abrazos
ResponderEliminarTal vez le divertían los fantasmas con sábanas blancas y no lo que se encontró.
EliminarAbrazos Ester.