Ir al contenido principal

El almendro de Clara

Me llegó el olor de las lilas antes de verlas y de inmediato mi mente se trasladó al lugar de mis orígenes. En él, mi padre me acogió cuando una valenciana que vendía cerámica de Manises me puso en sus brazos.
—Papá, ¿por qué a los niños los trae la cigüeña y a mí una valenciana?
—Porque en esos tiempos nacían muchos niños y las cigüeñas necesitaban intermediarios.
En honor a mi llegada mi padre plantó un almendro y mi madre escribió un libro de mi crecimiento. Me llamaron Clara y a mi gemelo: “El almendro de Clara". Toda mi vida se renueva en mi memoria solo con verlo. El abuelo fijó su silla bajo su sombra y al caer la tarde me cascaba almendras que saboreaba al aroma de las lilas que estaban cerca.
El almendro se hizo todo brazos a la vez que mis formas corporales se fueron ondulando.
Durante mis primeros años fue columpio con una cuerda entre sus ramas y mi lugar preferido para esconderme. Plantaba cara al crudo invierno y se vestía sus mejores galas cuajadas de flores blancas para alegrarme la vida y vaya que si lo conseguía. Jamás necesité una cabaña porque la mía estaba en las alturas, entre sus ramas. En la adolescencia, espiaba al vecino que jugaba en su jardín con los amigos. Solo con verlo se me aligeraban las tediosas tardes de estío. Atrevido y con descaro se despojaba de sus ropas para lanzarse a la piscina. Capricho ante mis ojos que me estremecía entera y me desvelaba lo oculto de la vida. El almendro supo de mis lágrimas de enamorada incomprendida. La prueba en forma de corazón quedó grabada en su corteza. Siempre que volvía pasaba un dedo por su perfil rugoso; me lo cuidaba como el gran amigo que sabe guardar un secreto.
Años más tarde fue el vecino el que se fijó en mí. Al verlo, me costó acoplar su rostro con el de mis recuerdos. Éramos dos relojes descompasados, en el mío ya se había pasado su tiempo.


Safe Creative #1812019206705

Comentarios

  1. Merecido premio, María Pilar. Muchas felicidades.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. DE niño estuve enamorado quince años despues la volví a ver y huí de su presencia

    Besos

    ResponderEliminar
  3. Felicidades, un texto digno de un premio.
    Besos.

    ResponderEliminar
  4. Hola María Pilar. ¡¡Qué bonitoooooooooooo! Me ha encantado. Como fluyen los recuerdos a la par que la naturaleza comienza su esplendor y derrocha belleza y aroma.
    Tú gemelo tuvo suerte y fue bondadoso al darte tanta felicidad y poderte columpiar en sus ramas. También por comer bajo él las almendras que él daba, y que tu abuelo con tanto cariño te iba partiendo. Ese joven descompensado contigo que creció al otro lado y no se puso de acuerdo para valga la redundancia llegar a un acuerdo contigo. Enhorabuena. Está muy bien escrito. Abrazosssssssss

    ResponderEliminar
  5. Lógico vencedor, tiene alma y sentimientos, viveza y frescura, final comprensible y de aplauso. Enhorabuena. Te abrazo con admiración

    ResponderEliminar
  6. Enhorabuena por el premio, Pilar. Es un relato muy tierno y lleno de añoranza!!!!

    Besotes

    ResponderEliminar
  7. Fresco, tierno... me ha gustado. Una curiosidad, se nota que llevas tiempo fuera del pueblo porque el abuelo te cascaba almendras en vez de almendrucos.

    ResponderEliminar
  8. Tiene mucho para justificar su premio, claro que sí, qué gusto saberlo. ¡Muchas felicidades!
    Un abrazo muy grande y estrellas.

    ResponderEliminar
  9. Felicidades Pilar!!
    Bien vale el premio y muchos más, este hermoso y tierno relato!!
    Besotes!!
    Lau.

    ResponderEliminar
  10. Felicidades por el premio. Me encanto te mando un beso . Fue un relato con un toque nostalgia.

    ResponderEliminar
  11. Felicidades!!.

    ResponderEliminar
  12. Pilar, tu relato tiene la fuerza y el encanto de la naturaleza en primavera, que la vemos crecer y florecer...La protagonista se hace almendro y brota también su amor platónico y exultante, que acaba cayendo como los pétalos...para hacerse fruto presente y real...El pasado ya quedó atrás.
    Mi felicitación por ese premio y mi abrazo siempre.

    ResponderEliminar
  13. Cuan cierto, el tiempo sutilmente nos demuestra cambios
    A veces nosotros no los sabemos apreciar
    Cariños

    ResponderEliminar
  14. No me extraña que ganaras un premio, este relato es la vida con la dulzura de la inocencia.
    Si el cuento tiene algo de verdad me parece un regalo hermoso que al llegar un hijo se plante un árbol y es que la madera nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos.

    Desde la ventana de la cocina veo el jardín de una casa y por estas fechas dos almendros que tiene bien resguardados nos empiezan anunciar la primavera con sus hermosas flores.
    Un abrazo afectuoso

    ResponderEliminar
  15. Un relato precioso, enhorabuena por el merecido reconocimiento, María Pilar :)

    Tu entrañable historia llena de olores, colores y emociones me ha transportado a una finca que tenían mis tíos en Murcia. Cierto verano, siendo yo una niña y para conformarme por un problema de salud que tenía, decidieron ponerle mi nombre a un almendro y "regalármelo". Siempre lo he recordado con mucho cariño, aunque esa finca ya no sea de la familia siquiera :))

    ¡Un abrazo!

    ResponderEliminar
  16. Y las flores del almendro eran como de cerámica pero mucho más bellas y más blancas. Y dio almendras dulces que no amargas. No son para ti, vecino.
    Merecido premio, Pilar.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Este blog permanece vivo gracias a tus visitas y comentarios. Te agradezco estos momentos especiales que me regalas.

Más vistas

Atasco de la memoria

Mi participación en el reto conjunto del blog Acervo de Letras y el blog El Tintero de Oro . Las condiciones son: El reto consistirá en escribir un microrrelato de 250 palabras protagonizado por un escritor/a desesperado/a por su falta de inspiración, que se encuentra un Tintero de Oro con un mensaje grabado: «pídeme un deseo y lo verás por escrito», aunque este contrato tiene una letra pequeña: «pero todo tiene un precio» Estoy en un atasco en la autopista del norte. Los tres carriles se han reducido a uno y estamos parados como una serpiente kilométrica. En el sillón del copiloto llevo unos libros de una novela escrita por mí. El periódico doblado en el salpicadero me muestra en una foto muy sonriente. Leo el titular: «La exitosa escritora presenta hoy el final de su tetralogía». ¿Dónde la presento? Puedo enterarme leyendo el artículo, pero yo debiera saberlo. Tal vez el periódico es atrasado y estoy de vuelta. Tanto si ya ha ocurrido el hecho como si va a ocurrir, ¿por qué no s...

El precio de ser mujer

A veces, en breves destellos, logro pintar con mis piruetas aires que me gustaría respirar y cielos por los que me gustaría volar. El miedo al monstruo se impone olvidando los sueños imposibles. Es tan hábil en el manejo de mis hilos que nadie puede ni siquiera intuir mi desgracia. No soy más que una marioneta en las manos de un desaprensivo cegado por lucirse y medrar a mi costa. Un día no puedo aguantar más tanta vejación y oigo un chasquido en mi interior como el de un objeto de madera que se astilla violentamente. Mi cara se queda con una expresión desencajada, mis piernas se doblan y todo mi ser no es más que un ovillo. Enfurecido me grita:  « Te has vuelto torpe e inexperta, no eres más que un despojo de marioneta rota » . Coge unas tijeras con las que corta todos los hilos de mi destino y me arroja violentamente al fondo del exiguo cajón. ¡Él sí que conoce bien mis desdichas! Me crece un temblor frío que la soledad aumenta. Sin mis alas insuflándome alma, nunca más volve...

Allá donde te encuentres

Querida Alicia: Hace ya ocho meses que te fuiste y no he sabido nada de tu vida. Durante este tiempo he deambulado por la casa sintiendo la soledad de tu ausencia. Cada objeto, cada rincón, todo me habla de ti y me emociono, no puedo evitarlo. Es como si aquí a mi lado estuviera esa Alicia a la que tanto quiero, la verdadera, la que llenaba de ilusión, sonrisas y vida la casa. La malhumorada de los últimos tiempos no eras tú. Estabas ya tan acostumbrada a que todo cuanto te sucediera fuera algo extraordinario, que te pareció de lo más soso y estúpido que la vida siguiera por el camino normal. Te resistías a dejar de soñar en este mundo de adultos tan complicado. Por eso, mientras te dedicaste a contar cuentos a un público cautivado, el de los niños, que te recordaba tus felices días de infancia, todo fue estupendo. Cuando tu prestigio como narradora creció, fueron otros los que reclamaron tu presencia. El encontronazo, en la isla de Ely, con el presidente de la Sociedad ...

Matando monstruos

Cuando cumplí los 65 años, pensé que ya iba siendo hora de dormir con la luz apagada. Esa noche, al abrir el armario, el monstruo que lo habitaba se horrorizó al verme. Las rodillas se le doblaron y cayó de bruces contra la caja de pandora de mis propios miedos. Cuando nació, había depositado en él toda mi energía para hacerlo a mi imagen y semejanza. ¡Y vaya si lo había conseguido! Era mi vivo retrato.  —¡¿Qué haces aquí?! Deberías estar visitando a los niños. Muertos de miedo se esconden entre las sábanas para evitar verte.  —Son unos asesinos —pudo decir mi pequeño monstruo con un hilo de voz.  —Los niños… ¡Ja, ja, ja! Si tan solo saber de tu presencia en la oscuridad les causa dolores de barriga.  —Eso era en tus tiempos. Ahora son sádicos. Tienen unas máquinas con las que se dedican a matar monstruos con una violencia extrema. Cuando voy por los pasillos oscuros y aparecen con sus artefactos, acompañados con efectos de sonidos horripilantes, me persiguen para ...

El puente de las artes

Con este relato participo en la convocatoria de Myriam sobre puentes, de los relatos jueveros.   A mi hermana le ha tocado en un sorteo del BBVA un maravilloso viaje a París para dos personas. Por cuestiones de trabajo no puede ir. ¿Te apetece acompañarme? En Orly nos esperará un chófer con un cartel donde leeremos nuestros nombres: Aitor y Marta. Nos daremos con el codo al verlo. Nos entrará la risa tonta. Con su gorra de plato y en un flamante mercedes nos mostrará la impresionante Ciudad de la Luz que enamora a todo osado que se atreva a mirarla como lo haremos nosotros.  Yo te comentaré que la ciudad de los bulevares, con los parques, las brasseries y los tejados grises, me parecen el más bello escenario que nos podamos imaginar, pero que la nota de color se la ponemos los turistas. Me llamarás ilusa con esa sonrisa tuya que tanto me gusta. Y de repente, la veremos y diremos los dos a una: ¡la Torre Eiffel! Disfrutaremos callejeando a nuestro ritmo — bonjour madame, bon...