No cabe duda de que es una persona con gran atractivo y simpatía. Allá donde va no pasa desapercibido por su carácter abierto y su fácil comunicación. Mientras sus compañeros de trabajo, obreros de la siderurgia, dedican su tiempo de ocio a la familia, a los amigos o al deporte; él va más allá dedicándose a la lectura y sobre todo al desarrollo de su afición: la creación poética. Esa melodía que sale de su interior encadenando rimas y expresando ideas sin someterse a normas literarias nos emociona. Es lo que hace que sea conocido como "el poeta" y uno de los hombres hechos a sí mismos, En sus poemas transita por un mundo personal y cercano marcado por el zarpazo de las frustraciones, las alegrías y la mordedura de la enfermedad. Parece tener la intención de ser leído como algo inmediato, pero cobrará una nueva dimensión con el paso del tiempo cuando sea un legado en el que puedan bucear sus descendientes. Ahora la realidad que cuenta está muy unida a la vida del presente, por eso nos seduce mucho más ser testigos de cómo bucea en el idioma hasta encontrar la palabra adecuada, cómo presta su voz a sus poemas dándoles el énfasis requerido y poniendo el alma para canalizar situaciones muy críticas de la vida a través de la poesía.
Hace muchos, muchos años, Urjauzi y Otsoa, dos jóvenes pastores, vivían en la zona del monte Gorbea. Eran grandes amigos desde la infancia. Sucedió que cierto día Urjauzi oyó de pronto un dulcísimo canto mientras pastoreaba su rebaño por las campas de Gujuli. Se sintió tan atraído por aquella maravillosa melodía que se olvidó del ganado y raudo se adentró en la espesura del bosque. Los sonidos de sus pisadas sobre las hojas caídas rompían el silencio y ocultaban otros ruidos apenas audibles que hacían pensar en seres del bosque que lo observaban sorprendidos con los ojos bien abiertos. Los troncos de los robles centenarios adquirieron características de monstruos, tal como se relata en los cuentos, el olor a tierra húmeda hacía irrespirable el lugar y la espesura lo llenaba de misterio, pero Urjauzi no fue consciente de esas señales. Al final de una pronunciada pendiente, separó unas ramas de sauce y pudo contemplar la quietud de las aguas de la laguna Lamioxin, de la que procedía el ...

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