Aquel otoño saltaron todas las alarmas financieras de EEUU. Los bancos estadounidenses empezaron a exigir el pago de los préstamos que tan alegremente, a cambio de buenas comisiones, habían concedido a otros países y a personas individuales que no podían devolverlos. El problema se extendió desde Estados Unidos a Europa. Al mismo tiempo, aquellas personas que tenían depositado el dinero en los bancos perdieron la confianza y quisieron retirarlo. Al no tener dinero para devolver los depósitos, muchos bancos empezaron a quebrar. La escasez de dinero implicaba que había menos para invertir en las empresas y menos para comprar productos. Los valores de la bolsa cayeron bajo mínimos, cundió el pánico y nació la crisis y como las desgracias nunca vienen solas, en el mismo paquete se presentó una prima, de Riesgo dicen que era su nombre, y arrasó con lo que quedaba. La situación provocó grandes tasas de desempleo y desocupación y gran parte de la población empezó a vivir por debajo del umbral de pobreza.Tras hundirse sus entidades bancarias ningún banquero fue encausado por su mala gestión, más bien abandonaron el barco con los bolsillos llenos por los servicios prestados. ¡Uf! ¡qué vértigo! Menos mal que todo esto ocurrió en el año 1929.
El lugar que amamos, ese es nuestro hogar, un hogar que nuestros pies pueden abandonar, pero no nuestros corazones. (Oliver Wendell Homes) La memoria del amor Encuentra tu rostro familiar Cercano y luminoso Aviva nuestros corazones Nostálgicos Esa noche nos quedamos ahí sentadas. El fuego se fue haciendo más débil, aunque aún notábamos el calor de la estufa. El reloj de pared hacía tic tac y una lechuza llamó a otra lechuza. —Tienes que irte a la cama —me dijo, inclinada sobre la Sínger que, intermitentemente, irrumpía en el silencio. —Yo me quedo a terminar esto. —Y me mostró el nuevo vestido que me estaba haciendo. En la habitación no podía apartar la vista de la niña que me miraba tras el cristal de la ventana sin persiana. El cabello corto con flequillo le ocultaba el rostro, mientras que las trenzas lo despejaban. Se las habían cortado para que pudiese peinarse sola. Ella me contemplaba fijamente para que viera en su mira...

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