Ir al contenido principal

La curva de la tragedia


El móvil comienza a sonar justo cuando el tren va a entrar en la curva maldita, donde hace unos años ocurrió la tragedia. Dicen que los cables de la catenaria siguen contando la historia con un gemido quejumbroso de voces agonizantes. 

En ese momento, a los viajeros los estremece una extraña vibración del convoy que pasa a toda máquina por aquel punto negro. Las maletas saltan de los compartimentos y caen al suelo de manera estruendosa, los billetes salen volando y los pasajeros se agarran a los asientos hasta hacerse daño en las manos. Un viento frío los recorre trayendo el olor a sangre y gritos desgarradores. Quieren salir pitando, pero ninguno se atreve a ser el primero. Las imágenes del tren convertido en un amasijo de hierros sanguinolentos sobrevuelan las mentes de todos ellos. Yo estoy de pie entre los raíles. Esperando a ese tren precisamente. La curva es extremadamente peligrosa. El teléfono sigue sonando, ¡maldita sea!, nadie lo coge. Piensan que van a morir ese día, en ese momento. 

Cuando pasan la curva, el teléfono calla. La máquina responde con alegría. El maquinista feliz pita a la salida. Un silbido de tren que marcha ganando terreno. Una rareza que no pase nada, pero yo espero. Mi paciencia es infinita. Los pasajeros recomponen su figura. Y cuando lleguen a la estación cogerán sus maletas y se irán satisfechos a su lugar de destino. Nadie, nunca, comentará la experiencia. Esta permanecerá en el más absoluto de los secretos.   

Comentarios

  1. Y quizás algunos ya no se subirán a un tren durante largo tiempo. Quién sabe si queda algo en esos puntos trágicos donde un montón de vidas se apagaron en un momento.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Un montón de vidas que no llegaron a su destino. ¿Y si siguen buscándolo? Cuando te preguntas algo así, la imaginación se dispara.

      Eliminar
  2. Esto pasó y no hubo grandes repercusiones.

    Besos.

    ResponderEliminar
  3. Me imagino que aquellos que si o si, tienen que trasladarse en ese medio, a la fecha para ellos solo es una curva más, antes de llegar a destino

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tal vez con la costumbre sea así, Charly. El día después seguro que no estuvieron tan tranquilos.

      Eliminar
  4. Los muertos de aquel día claman la tragedia.

    ResponderEliminar
  5. Regresa el pánico, el horror y atenaza la razón. Muy bien retransmitido lo he sentido, hasta el escalofrío. Un abrazote

    ResponderEliminar
  6. Es verdad ¿ quién sabe si en esa curva terrible siguen perdidos todos los pasajeros que murieron hace años sin poder llegar a su destino? como la leyenda de la mujer que se aparece en esa curva de no se qué carretera.. Extremecedor relato PILAR.
    Es la segunda vez que te leo esa palabra que voy a adjudicarte porque nadie más que tú usa, "catenaria" gracias a ti ya no olvidaré jamás lo que es...
    Que tu infinita paciencia te dure eternamente y que sigas escribiendo durante todo ese tiempo ; )

    Gracias y muchos besos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola, María! Esa misma pregunta me hice... ¿Y si siguen en el lugar ecos de lo que allí ocurrió?
      Gracias a ti por dejarme tus interesantes reflexiones.
      Besos!

      Eliminar
  7. Muy bien recreada la tragedia. Por un momento pensé que también los trenes eran capaces de tropezar dos veces en la misma piedra.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola, Chema! Se me ocurrió pensar en esa primera vez que el tren empezó a pasar de nuevo por ese lugar. El silencio entre los pasajeros al pasar por esa cura tendría que ser helador.
      Un abrazo!

      Eliminar
  8. Algo o mucho queda en lugares donde la muerte ha sido juez y parte de tanto dolor. Todos hemos conocido: casas, calles, paisajes diversos donde han ocurrido hechos violentos. Siempre se siente cargado el ambiente.
    Abrazos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estoy de acuerdo contigo, Tatiana. Gracias por comentar. Un abrazo!

      Eliminar
  9. Qué relato tan estremecedor. Como se dice en el comentario de Cabrónidas, algo tiene que quedar en lugares donde hubo tanto dolor, donde tantas vidas se quedaron interrumpidas. Algo se tiene que sentir al pasar por allí. Yo, desde luego, no querría hacerlo.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es ese algo lo que me ha motivado a escribir el micro. Una cosa es imaginarlo, sentirlo en una situación real, me niego.
      Un beso, Rosa.

      Eliminar
  10. Esos lugares terribles que marcan una desgracia nos hace sentirla tan real como si fuese aquel desgraciado momento. Somos especiales y cuando todo pasa también todo se olvida. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Menos mal que con el tiempo se olvida.
      Un abrazo, Mar.

      Eliminar
  11. Un corto aterrador...Y la espera del próximo descarrilamiento.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La muerte siempre está al acecho.
      Un saludo, Oswaldo.

      Eliminar
  12. Este relato recuerda a un episodio sucedido y tu manera de expresar lo que sucede, da mucha credibilidad, enhorabuena. Un saludo de ANTIGÜEDADES DEL MUNDO.

    ResponderEliminar
  13. Me he visto en ese tren, aterrada y agarrándome fuertemente al asiento. Aplausos Pilar.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Amaia, por dejarme tus sentires.
      Un abrazo.

      Eliminar
  14. Me he quedado helada, de verdad. Yo estoy segura que todas esas almas algo vagan por allí. Tremenda tragedia, tremenda experiencia.

    Un abrazo María 🌹🤗

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una experiencia, Maty, que a mí no me gustaría vivir. Recrearla con la imaginación, sí, pero hasta ahí, nada más.
      Un abrazo!

      Eliminar
  15. He pasado varias veces por la curva de Angrois, ese lugar terrible, pero intenté distraerme.
    Me encanta tu relato, María Pilar.
    Un fuerte abrazo

    ResponderEliminar
  16. Acabo de estar en España por 15 días y me tocó tomar tren en Atocha, imposible no acordarse de la tragedia y pensar en todos los que ya no llegaron. Tu relato los ubica en un limbo que los humanos intuímos pero que no queremos ver. Todo es posible... saludos María Pilar y enhorabuena por tu interesante relato.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Espero que hayas pasado felices días por España, Ana. ¡Ay!, esos puntos negros, quedan detenidos en el tiempo y, como bien dices, imposible no acordarse de la tragedia que encierran.
      Mi abrazo, Ana.

      Eliminar
  17. ¡Hola, Pilar! Pienso que aquellos lugares en los que la tragedia golpeó con fuerza de alguna manera retienen el dolor de las víctimas del suceso, como si esa energía se adhiriera a la materia. Como el caso del accidente en Angrois. También recuerdo la tragedia de los Alfaques e incluso el 11-M. Ese día a eso de las doce cogí un cercanías en Barcelona, el silencio del vagón era sepulcral, por no hablar de la cara de los pasajeros cuando veíamos a alguien con una mochila.
    Un fantástico relato en el que muestras esa angustia de los pasajeros al circular por esa curva, ese respiro de alivio por haberla superado, pero ese recuerdo imperecedero de lo que allí sucedió, del día en el que el tren de la vida de muchos se paró para siempre. Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola, David! Es eso, ese sentimiento que nos llega cuando pasamos por lugares donde la tragedia irrumpió y segó la vida de tanta gente. El tren aporta un plus por ese sentido metafórico que tiene.
      Un abrazo!

      Eliminar
  18. Tan misteriosa que todos callan ante el misterio. Muy buena tu recreación de la tragedia de la curva.Un beso mío y otro de Austringiliana.

    ResponderEliminar
  19. Pilar, te has implicado de tal forma que has conseguido dar un realismo extremo al viaje...Todos hemos contenido la respiración, tratando de pensar que no sucedería otra vez, amiga...Creo, que has captado, como bien dices, lo que nos inspiran ciertos lugares trágicos...Posiblemente hay voces que aún claman, que aún buscan su destino.
    Mi felicitación y mi abrazo entrañable por ese amor a las letras, que nos inspira a todos, Pilar.

    ResponderEliminar
  20. Pilar, lo has bordado de tal forma que me he visto viajando en él. en ese tren, horror!!! me he erizado. Imagino esas almas vagando por la curva de Angrois, espeluznante amiga . Me encanta tu forma de hacer. Feliz tarde de domingo. Un beso

    ResponderEliminar
  21. Sí se siente el instante que se avecina, el estar en él, el pasar por ese lugar que hace que todo se estremezcle, y se vibre y se contenga el aire y se quiera llegar al final. Un gusto leerte y que las emociones entren el juego. Gracias, abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti por el interesante comentario que me dejas. Abrazo.

      Eliminar
  22. El punto aquí, es haberse dado cuenta cuando estamos tan enganchados a los móviles. Me ha gustado mucho. Un saludo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Keren, por eso sonaba el móvil, pero nadie lo cogía. Un aspecto muy importante a tener en cuenta en la sociedad de hoy.
      Un saludo.

      Eliminar
  23. ¡Qué misterio! Y todavía más misterio guardar la experiencia en secreto, rodeada de una atmósfera tan inquietante.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, M.A., creo que las experiencias más terribles pierden el poder de asustarnos cuando las nombramos en voz alta. Hay personas que prefieren no hablarlo.
      Un abrazo!

      Eliminar
  24. Un escalofrío recorre la médula espinal de las vías, María Pilar. Sólo los que estaban absortos en sus móviles no lo notaron.
    Un fuerte abrazo :-)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Este blog permanece vivo gracias a tus visitas y comentarios. Te agradezco estos momentos especiales que me regalas.

Más vistas

El cuarto de atrás - Reseña

Autora: Carmen Martín Gaite Género: Ficción política Año de publicación: 1978 Ediciones Cátedra, 2023 Páginas 277 Premio Nacional de Literatura 1978 Pretender al mismo tiempo entender y soñar: ahí está la condena de mis noches.     (Carmen Martín Gaite). El cuarto de atrás es una novela compleja, llena de simbolismo y un tanto peculiar. Se engloba en la categoría de metanovela. ¿Y esto, de qué va? Es de esos libros que antes de leerlos tienes que saber precisamente eso, de qué va. Una metanovela trata del propio proceso de creación de la novela, va realizándose ante el lector. Cuesta coger el hilo argumental, sobre todo al principio, porque los elementos saltan en el tiempo y desaparecen o se superponen unos a otros de manera desordenada, lo que les da más viveza, pero puede ocasionar confusión.  Una clave para leerlo es que estamos ante un sueño. Si lo lees dejándote llevar, con esa actitud de escucha que tiene en la novela el hombre vestido de negro, poco a poco, ...

El color de la añoranza

> Añoro llegar a tu casa y que estés. Entrar y verte en chándal sentado en el sofá, con la tele puesta, pero parece que no la sigues; estás con el periódico o leyendo un libro. ¡Cómo te gustaba leer! Todo era prescindible cuando llegaba yo, como si lo más importante en ese momento fuera nuestro encuentro, te dedicabas a mí por entero. Añoro no poder contarte que ha habido inundaciones en Astigarraga y que he visto por la tele tu antigua casa; bueno, esto seguramente me lo contarías tú. Cuando paso por delante de tu casa, siempre se me van los ojos hacia el balcón en el que tú no estás, pero inconscientemente —porque soy una inconsciente— pienso que estarás escribiendo alguno de tus poemas y que cuando nos encontremos seguro que me lo lees.  Me gustaría decirte que el mundo sigue girando y con él nuestras vidas. Me gustaría hablarte del día tan espléndido que tenemos hoy, como si no supiera de tu marcha, un cielo azul y la brisa fresca que trae olores de primavera. La primavera...

Caperucita en Manhattan

Leer más relatos aquí Las luces de emergencia iluminaban lo suficiente como para saber dónde estaba. También el lío en el que Carla se había metido. Tanta grandiosidad la empequeñecía. Se encendieron las alarmas en su cabeza. Se había quedado encerrada en la torre más lujosa de la Quinta Avenida.  Su grupo escolar, con la monitora, habían subido al mirador Top of the Rock en el último ascensor de la tarde. Cuando llegó el momento de bajar, al salir del ascensor, Carla se entretuvo curioseando el retrato del primer Rockefeller que estaba en la pared de enfrente. Una cabeza afilada rodeada de una pelambrera lobezna; las aletas de la nariz dilatadas, como olfateando algo, le daban cierto aire de animal al acecho. «¡Qué hombre tan horrible!», pensó. No pasó mucho tiempo, el suficiente para quedarse sola. ¡Se habían cerrado todas las puertas! ¿A dónde se habían ido todos? ¿Y los vigilantes? Aquello no le podía estar pasando. El silencio era total.  Hecha un ovillo, se sentó en uno de lo...

La otra Navidad

  Al anochecer en estos días de crudo invierno, Sergio se cubre con un gorro negro de lana y una chamarra ajada. Con una bolsa de compra en la mano sale de casa a su tarea en los contenedores de basura.  Hoy hace un frío intenso y unas chiribitas de nieve pululan antes de posarse en la alfombra blanca que cubre la ciudad. El pisar de las personas cruje en la nieve. Como sombras en la noche, con grandes bolsas de regalos, pasan raudas mirándolo con desconfianza. Después el silencio solo es traspasado por las notas de un piano que desde un bar cercano perpetúa la canción «Oh, blanca Navidad». Con el cuerpo invertido rastrea con un palo las fauces del abismo donde espera encontrar un rayo de felicidad que alegre su hogar. Lo que ve bajo la lánguida luz de la farola le produce un estremecimiento: Cuento de Navidad de Charles Dickens . Lo coge tembloroso. El hielo interior empieza a resquebrajarse y da paso a un acogedor salón familiar donde un niño descubre los regalos navideño...

Tardó diez años en volver -8 de marzo-

 La madre mira al padre. Se queda un rato de pie, sin decir nada. Por fin, se sienta a la mesa, baja la vista, mueve con la cuchara la comida del plato y come con desgana, en silencio.   Los movimientos del padre son bruscos y violentos. Resopla. El enfado y la ira van creciendo en él. Balbucea. Se le indigesta la comida. Levanta el plato con las dos manos y lo deja caer de golpe. La comida, miedosa, está a punto de huir. La madre levanta la vista asustada y de nuevo la esconde. El idioma de violencia no entiende de ojos tristes. Él aparta el guiso, golpea la mesa con el puño cerrado. La madre da un respingo. Ese diálogo de sordos envenena el aire. Se despliega por toda la casa.   La hija sabe que el enfado es contra ella y la madre también. La quiere lejos, en la distancia. ¿A qué ha venido? Su cercanía golpea al padre, lo atraviesa por su lado cortante. No la soporta en su presencia. Ella sale de la escena. Dentro deja un universo de tensión y fuera el abismo...