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Carta a los Reyes Magos

A SS. MM. los Reyes Magos de Oriente:
Años ha que no os escribo una carta. Ya sabéis lo atareada que he estado estos últimos años haciendo de reina mediadora, poniéndome regalo hasta a mí misma para cubriros las espaldas, que con la ilusión de los niños no se juega.
A estas alturas no voy a entrar en disquisiciones existenciales, pero os podíais haber repartido un poco y no ir siempre los tres juntos. Así, ¿cómo vais a llegar a todas las casas? Por lo que año tras año habéis acrecentado el abismo entre las ilusiones cumplidas de algunos y el desencanto de tantos. ¡Ah! y os teníais que haber modernizado, porque mira que seguir viajando en camello con lo poderosos que sois, que ya son ganas de haceros esperar para nunca llegar.

¿No os parece que ya toca democratizaros? Teníais que haber ido incorporando a vuestro séquito a tanto personaje que estos días pulula haciéndoos la competencia. ¿Pensábais que un carbonero tiznado llamado Olentzero no era digno de la fastuosidad de vuestra comitiva que envuelta en aromas de incienso y mirra lanza destellos de oro? Y el gordinflón vestido de rojo y armiño, ¿temíais que brillase como un farol con luz propia?
Ahora ya es tarde, campan a sus anchas y son recibidos con la emoción contenida y las encantadoras sonrisas que sólo los niños son capaces de ofrecer.
Estos siguen gozando de la magia y de la fantasía. El problema, para los padres más bien, es esa duplicidad de personajes fantásticos que durante estos días traen regalos a los niños y, como las carteras no están muy abultadas, nos vemos obligados a elegir. Por sentido práctico, nos decantamos cada vez más por el día de Navidad. Los niños agradecen los regalos ese día porque tienen las vacaciones para disfrutarlos y los padres también. Los tiempos han cambiado y vosotros estáis quedando relegados. Para el día seis, vuestro día, nos reservaremos un pequeño detalle en vuestro nombre, que no por pequeño será menos ilusionante y supondrá el broche de cierre final de las fiestas navideñas, ¿no os parece bien?
Os ruego perdonéis mi osadía al enviaros esta carta que ha surgido de mi sinceridad al organizar la parcela familiar que a mí me toca, por lo que espero que no os lo toméis a mal y me dejéis sin regalo.
Os saluda atentamente
María Pilar

Comentarios

  1. Los Reyes Magos ya están desfasados como el Gobierno. Y hoy en día con lo avispados que son los niños no se tragan "ni pa Dios" que Melchor y el "negrito", son los que les traen los juguetes. Además que cojones, a muchos padres y más hoy en día con lo que está cayendo, les cuesta mucho trabajo comprarles algo a los niños, para que encima los niños crean que han sido los Magos de Oriente. Muy buena tu carta.

    Besos María Pilar.

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  2. Hola Pilar,una carta muy pero que muy original,Sabes?me parece muy bien esa regañina.
    Me ha encantado ésta carta que seguro no pasará desapercibida para sus Majestades los Reyes Magos de Oriente,así y todo espero que traigan muchas cosas a todos los niños del mundo y no se les olviden ni uno solo.

    Mucho besos

    ResponderEliminar
  3. ¿No sería mejor matarlos?
    Que salga en los diarios que volaron cuando pasaban junto a un coche bomba.
    Eso.
    Y que el suicida era papá Noel
    y que a partir de ahora
    el único que trae regalos soy yo.
    Bueno,
    más o menos ya lo he hecho
    y te digo, no tiene mucha gracia.

    ResponderEliminar
  4. Bueno, pilar, pues ya te he enlazado para que los participantes puedan leer tu carta y poder votar o elegir a las dos mejores según el criterio de cada uno.
    Te invito a que hagas la ronda por cada blog participante y leas sus cartas y, por ende, hagas lo propio el próximo día 4 (sábado), que es cuando cada uno deberá colgar las dos cartas escogidas y explicar un poco el porqué de su elección.
    Tu carta es muy reivindicativa. Hay en ella cierta queja, cierta crítica a estos reyes que se han quedado un tanto trasnochados para estos tiempos nuestros tan modernizados y tecnológicos. Esperemos que no hagan oídos sordos.

    Gracias por participar.
    Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

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