Ir al contenido principal

El asesino de relojes


⁣ ⁣                                                                Imagen de Jarmoluk. Pixabay

El reloj da las once de la noche con la exactitud cantarina propia de su condición suiza. Es hora de dormir. ¡Hora de dormir! Mañana tengo que madrugar. El sueño me abandona y el insomnio se apodera de mí una noche más. Me levanto. El traidor me mira orgulloso desde su situación privilegiada en el salón, junto a los cortinajes de terciopelo verde. Provocador, balancea el péndulo dorado de un lado a otro. Tictac, tictac. El sonido me pone los nervios de punta. Mi ansiedad crece. Me abalanzo sobre él y lo agarro con las manos para acabar con su tiranía. En ese momento, las once y diez que marcan las agujas se quedan congeladas para la eternidad. La casa permanece en silencio. Respiro hondo. Por fin puedo disfrutar del tiempo detenido. Me acuesto. Unos minutos más tarde, el sonido carraspeño de un impostor, con toda su cachaza y crueldad, se hace notar en el piso de abajo con el carillón del “Ave, ave, ave, María…”, previo al din don dan de los cuartos. Salgo disparado de la cama, como un resorte. Con la precaución del insomne que bordea la paranoia, veo mi expresión de maliciosa felicidad reflejada en el espejo.

Comentarios

  1. Matando a los relojes tampoco se consigue dormir, ni matando a los vecinos, poca satisfacción para lo efectos secundarios que conlleva. Dormir es fácil, sólo hay que cansarse durante el día, y no sé asegura cuanto se duerme.
    Has plasmado muy bien la desesperación del insomne, al que le urge dormir.
    Abrazoo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Gabiliante, qué razón tienes. La desesperación del insomne le lleva a ver problemas en todo su entorno. También, es verdad, hay ruidos vecinales que se podrían evitar. Gracias por pasarte.
      Abrazo!

      Eliminar
  2. No sirve para nada, pero te quedas más a gusto.

    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eso creo, Alfredo. Gracias por pasarte y comentar.

      Eliminar
  3. Siempre he tenido la suerte de dormir bien. Ahora, que ya voy teniendo una edad, lo único que me sucede es que no duermo de un tirón, como antaño; pero retomo el sueño con facilidad.
    Se echaban en falta tus relatos.
    Un abrazo, María Pilar.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por pasarte y comentar. Por cuestiones personales, he estado ausente un tiempo. Ahora empiezo a escribir de nuevo, porque lo echaba en falta; hasta donde llegue.
      ¡Un abrazo!

      Eliminar
  4. El arrebato no sirve pero te da calma y hasta un punto de satisfacción por haber vencido. Nunca ( o casi) he usado despertador. Abrazossss

    ResponderEliminar
  5. Hola!!
    ¿Has faltado al blog o mi gadget no lo ha actualizado? Creo más bien que has faltado. Sea como sea, me alegro leerte de nuevo.
    El insomnio es terrible y, al menos el mio, no tiene causa aparente por lo que me temo que los pobres relojes solo son testigos de la vigilia, nunca sus causantes.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Rosa, ya veo que me has puesto falta y con toda la razón. He estado ausente y todavía no estoy al cien por cien. Gracias por pasarte por aquí.
      Un beso.

      Eliminar

Publicar un comentario

Este blog permanece vivo gracias a tus visitas y comentarios. Te agradezco estos momentos especiales que me regalas.

Más vistas

El cuarto de atrás - Reseña

Autora: Carmen Martín Gaite Género: Ficción política Año de publicación: 1978 Ediciones Cátedra, 2023 Páginas 277 Premio Nacional de Literatura 1978 Pretender al mismo tiempo entender y soñar: ahí está la condena de mis noches.     (Carmen Martín Gaite). El cuarto de atrás es una novela compleja, llena de simbolismo y un tanto peculiar. Se engloba en la categoría de metanovela. ¿Y esto, de qué va? Es de esos libros que antes de leerlos tienes que saber precisamente eso, de qué va. Una metanovela trata del propio proceso de creación de la novela, va realizándose ante el lector. Cuesta coger el hilo argumental, sobre todo al principio, porque los elementos saltan en el tiempo y desaparecen o se superponen unos a otros de manera desordenada, lo que les da más viveza, pero puede ocasionar confusión.  Una clave para leerlo es que estamos ante un sueño. Si lo lees dejándote llevar, con esa actitud de escucha que tiene en la novela el hombre vestido de negro, poco a poco, ...

El tiempo es oro

Dando vueltas y vueltas  En la espiral de la vida  Algo se va por la quebrada  Perdiendo el candor  De creerse infinita.  Enmascarados te imponen  En tu porfiar ritmo frenético  El tiempo es oro  Dicen  De una vida que gotea en silencio.  ¡Pesadilla de vida!  Tiempo sin oro quiero  Solo tiempo  Para oír al pájaro carpintero  Y de la noche  El manto de luciérnagas  Mi refugio  En paz y sosiego.   © María Pilar

A la deriva - Cuento de Horacio Quiroga

Ficha Técnica     Título: Cuentos de amor, de locura y de muerte    Autor: Horacio Quiroga    Género: Cuento    Editorial: Sociedad Cooperativa Editorial Limitada    Año de edición: 1917    País: Uruguay    Resumen      El protagonista del cuento, Paulino, pisa una serpiente venenosa que le muerde en el pie. A causa de este incidente, inicia un viaje por el río Paraná hacia un pueblo vecino donde espera que le salven la vida.       Valoración personal        Horacio Quiroga mantiene en este cuento las tres constantes que le caracterizan como el gran cuentista que es: brevedad, intensidad y tensión constante.     Lo que más impresiona es la lucha por sobrevivir del protagonista al que, a veces, lo llama por su nombre y otras no dice nada más que “el hombre”. Como si a cualquiera de nosotros nos pudiera ocurrir lo mismo. Una lucha desesperada, por ganarle la batalla a la muerte, por no rendirse, aunque ...

Tardó diez años en volver -8 de marzo-

 La madre mira al padre. Se queda un rato de pie, sin decir nada. Por fin, se sienta a la mesa, baja la vista, mueve con la cuchara la comida del plato y come con desgana, en silencio.   Los movimientos del padre son bruscos y violentos. Resopla. El enfado y la ira van creciendo en él. Balbucea. Se le indigesta la comida. Levanta el plato con las dos manos y lo deja caer de golpe. La comida, miedosa, está a punto de huir. La madre levanta la vista asustada y de nuevo la esconde. El idioma de violencia no entiende de ojos tristes. Él aparta el guiso, golpea la mesa con el puño cerrado. La madre da un respingo. Ese diálogo de sordos envenena el aire. Se despliega por toda la casa.   La hija sabe que el enfado es contra ella y la madre también. La quiere lejos, en la distancia. ¿A qué ha venido? Su cercanía golpea al padre, lo atraviesa por su lado cortante. No la soporta en su presencia. Ella sale de la escena. Dentro deja un universo de tensión y fuera el abismo...

El mejor cazador puede ser cazado

La loba esteparia Cuando los inviernos venían muy fríos el temor crecía en todo el vecindario. Parapetados en la oscuridad de la noche, los lobos con astucia y sigilo bajaban al pueblo y cometían sus atropellos: los corrales eran asaltados, los rebaños de ovejas despedazados y los perros más valientes caían bajo sus garras. Los hombres maldecían su suerte a la vez que se sentían subyugados por esa fuerza bruta que, como si de una inteligencia superior se tratase, les ponía en jaque esquivando sus trampas. A juicio de los entendidos, ese año los estaba atacando la loba más grande que se había visto en la zona desde tiempos inmemoriales. De madrugada se adentraron en el monte en el más absoluto silencio, tapaban la boca con pañuelos o bufandas para que las bocanadas de aliento ante el frío exterior no los delatasen. Solo la nieve al caer de las ramas de las encinas, entre las que iban alineados, llenaba las sombras con un ¡plaf! húmedo al chocar contra el suelo. Desde la ladera ...