Ir al contenido principal

Lo que esconde mi nombre


Tengo los ojos color avellana y mido 1,68. De pequeña tenía el pelo negro y la piel muy blanca, como Morticia, la de la familia Adams. ¿Una gótica macabra? Ni yo sabía entonces de su existencia. En casa me contaban que me había dejado una valenciana que pasó por el pueblo vendiendo cerámicas de Lladró. Una historia para soñar y dejar volar la imaginación. La de las cigüeñas estaba muy vista. 
Es fácil creer que la razón de llamarme María Pilar se deba al espíritu religioso que dominaba por entonces en España. Había nacido el 21 de octubre, el 12 es capicúa, el día de la virgen del Pilar, no hace falta ser muy avispado, ¿verdad? Conclusión, que esa sería la causa para ponerme Pilar, con María por delante, era el top ten de los nombres en el momento.

Lo curioso es que en mi familia nunca se celebraba el día del Pilar, ni se mencionaba siquiera. Tanto es así que yo lo mimeticé y nunca relacioné mi nombre con el de la Virgen. Lo que me hizo caer en la cuenta de tal incongruencia fue la cantidad de felicitaciones que empecé a recibir con el comienzo de las redes sociales. Al principio me extrañaron, me cuestioné el porqué, y estuve dispuesta a contestar que se habían equivocado, me contuve. Mi nombre y el de la virgen coincidían, de eso no había duda; pero nuestras trayectorias de vida habían recorrido por caminos separados. 

Indagué lo que había detrás. «En aquellos tiempos, qué chico no soñaría con una joven como ella al verla a contraluz bajarse del autobús de línea», contaba mi padre con un brillo especial en los ojos. «Una estrella inalcanzable, pero abrumadoramente real», decía ensimismado. Y todos los días iba a la misma hora para espiar su llegada. Debió de ser una tarde de primavera cuando impulsivo, haciendo como el que ya tiene mundo y se desenvuelve con soltura, se atrevió a levantar la mano para saludarla. Ella, que caminaba con ese andar ligero del zapato plano y falda plisada, le respondió al saludo. No le pasó desapercibida la rebeca abotonada cubriéndole la delantera, ya llevaba sostén. Tampoco el abrigo blanco, corto, muy fino, por encima de los hombros, pura coquetería. Logró saber su nombre: Elena, y que estaba estudiando en la ciudad. Fue lo único que conoció de ella ese día y a él le dejó el sabor de una declaración de amor. Era guapa, la que más. Olía a agua de rosas y, aunque de poco hablar, su voz sonaba como una canción. 

Tuvo que lidiar con el padre, su futuro suegro y juez del pueblo, hombre de aspecto severo que no facilitaba las relaciones sociales. Por eso se acicaló aquel día más de la cuenta antes de presentarse ante él. Se casaron, por la iglesia; y el gran banquete de bodas corrió a cuenta del señor juez. 

Un día, cuando yo iba a ser madre y estaba eligiendo el nombre de mi bebé, le pregunté a la mía el porqué de mi nombre. Su respuesta me dejó anonadada. 
—¿Tu nombre? No nos dio tiempo ni a pensarlo. Como naciste tan rápido, cinco meses después de casarnos, preparamos muy deprisa el bautizo y de la abuela Pilar, tu madrina, nos vino dado el nombre. Eso sí, tú siempre serás nuestra Pili especial, la llave que nos ayudó a abrir la cerrazón del abuelo que impedía nuestro casamiento.

 ¡Ja, ja, ja! O sea, que la tan cacareada virginidad de la época puro tópico. Y otra cosa, ¿os imagináis que mi abuela se hubiera llamado Gervasia?, con perdón por las que se llamen así. Sea como fuere, mi nombre forma parte de mi personalidad y yo me identifico plenamente con él. Ya me llamen María, Pilar, Pili o María Pilar, según los contextos en los que me relacione. Excepto Mari-Pili, que una vez me llamaron y le paré los pies a esa persona que decía querer ligar conmigo. Se rompió el amor sin haberlo usado. Me resulta cursi y ridículo. Lo siento por las «maripilis» que les guste llamarse así. Y ahora que lo sabéis, no abuséis para tomarme el pelo, que os conozco.

Comentarios

Más vistas

Atasco de la memoria

Mi participación en el reto conjunto del blog Acervo de Letras y el blog El Tintero de Oro . Las condiciones son: El reto consistirá en escribir un microrrelato de 250 palabras protagonizado por un escritor/a desesperado/a por su falta de inspiración, que se encuentra un Tintero de Oro con un mensaje grabado: «pídeme un deseo y lo verás por escrito», aunque este contrato tiene una letra pequeña: «pero todo tiene un precio» Estoy en un atasco en la autopista del norte. Los tres carriles se han reducido a uno y estamos parados como una serpiente kilométrica. En el sillón del copiloto llevo unos libros de una novela escrita por mí. El periódico doblado en el salpicadero me muestra en una foto muy sonriente. Leo el titular: «La exitosa escritora presenta hoy el final de su tetralogía». ¿Dónde la presento? Puedo enterarme leyendo el artículo, pero yo debiera saberlo. Tal vez el periódico es atrasado y estoy de vuelta. Tanto si ya ha ocurrido el hecho como si va a ocurrir, ¿por qué no s...

El cuarto de atrás - Reseña

Autora: Carmen Martín Gaite Género: Ficción política Año de publicación: 1978 Ediciones Cátedra, 2023 Páginas 277 Premio Nacional de Literatura 1978 Pretender al mismo tiempo entender y soñar: ahí está la condena de mis noches.     (Carmen Martín Gaite). El cuarto de atrás es una novela compleja, llena de simbolismo y un tanto peculiar. Se engloba en la categoría de metanovela. ¿Y esto, de qué va? Es de esos libros que antes de leerlos tienes que saber precisamente eso, de qué va. Una metanovela trata del propio proceso de creación de la novela, va realizándose ante el lector. Cuesta coger el hilo argumental, sobre todo al principio, porque los elementos saltan en el tiempo y desaparecen o se superponen unos a otros de manera desordenada, lo que les da más viveza, pero puede ocasionar confusión.  Una clave para leerlo es que estamos ante un sueño. Si lo lees dejándote llevar, con esa actitud de escucha que tiene en la novela el hombre vestido de negro, poco a poco, ...

El puente de las artes

Con este relato participo en la convocatoria de Myriam sobre puentes, de los relatos jueveros.   A mi hermana le ha tocado en un sorteo del BBVA un maravilloso viaje a París para dos personas. Por cuestiones de trabajo no puede ir. ¿Te apetece acompañarme? En Orly nos esperará un chófer con un cartel donde leeremos nuestros nombres: Aitor y Marta. Nos daremos con el codo al verlo. Nos entrará la risa tonta. Con su gorra de plato y en un flamante mercedes nos mostrará la impresionante Ciudad de la Luz que enamora a todo osado que se atreva a mirarla como lo haremos nosotros.  Yo te comentaré que la ciudad de los bulevares, con los parques, las brasseries y los tejados grises, me parecen el más bello escenario que nos podamos imaginar, pero que la nota de color se la ponemos los turistas. Me llamarás ilusa con esa sonrisa tuya que tanto me gusta. Y de repente, la veremos y diremos los dos a una: ¡la Torre Eiffel! Disfrutaremos callejeando a nuestro ritmo — bonjour madame, bon...

La mansión del Sr. Pata Negra. (Fábula satírica)

Había una vez un personaje llamado Bernardo Gocho que vivía en un palacete en lo alto de una colina. Sus antepasados solo merodeaban el lugar en busca de comida, sin levantar la mirada del suelo. Él, en cambio, abandonó a su familia porcina y subió a lo más alto. Llegó a ser el rey. Orondo, con su jeta de cerdo y barriga de cerdo, vestía frac, con abertura en los faldones para mostrar el rabo que, aunque corto, era auténtico. Los demás lo imitaban llevando copias baratas, porque querían ser como él. Todo lo que hacía el Sr. Gocho se ponía de moda y en eso tenía muchos seguidores.   Calzaba unos botines acharolados de fina piel de cabra elaborados en exclusiva por el artesano Comadreja y fumaba en pipa como un gran señor. Rodeado de hienas amaestradas que defendían sus posesiones, vivía la mar de tranquilo.   Bernardo era un glotón, engullía grandes cantidades de exquisiteces lujosas y lo hacía con fruición, disfrutando de la textura y sabores jugosos. Después, echado...

Un ramillete de buganvillas

Título: Un ramillete de buganvillas  Personajes:  ELISA— Mujer madura, enamoradiza y estilosa.  FERNANDO— Un hombre con intereses claros que invierte muy poco tiempo en conseguirlos.   La acción tiene lugar en la casa de la playa de Elisa. El decorado representa el salón con vistas al mar. El estilo crea un ambiente playero en el que predominan los colores azul y blanco.     ESCENA I  (Elisa recorre el salón mientras habla por el móvil. Se para frente al espejo. Con una mano atusa su pelo rizado de color castaño, también recoge el pecho bajo la camiseta ajustada blanca, de tirantes, que destaca su piel bronceada. La falda veraniega, hasta los tobillos, bambolea con sus andares. Calza sandalias planas y lleva las uñas de los pies pintadas de color coral, a juego con el estampado de la falda).  ELISA: Teresa, ¿está Cristina contigo? Pues pon el móvil en modo que me podáis escuchar las dos. ¡Lo que voy a deciros es una bomba! No os lo podéis imaginar...