Hace muchos, muchos años, Urjauzi y Otsoa, dos jóvenes pastores, vivían en la zona del monte Gorbea. Eran grandes amigos desde la infancia. Sucedió que cierto día Urjauzi oyó de pronto un dulcísimo canto mientras pastoreaba su rebaño por las campas de Gujuli. Se sintió tan atraído por aquella maravillosa melodía que se olvidó del ganado y raudo se adentró en la espesura del bosque. Los sonidos de sus pisadas sobre las hojas caídas rompían el silencio y ocultaban otros ruidos apenas audibles que hacían pensar en seres del bosque que lo observaban sorprendidos con los ojos bien abiertos. Los troncos de los robles centenarios adquirieron características de monstruos, tal como se relata en los cuentos, el olor a tierra húmeda hacía irrespirable el lugar y la espesura lo llenaba de misterio, pero Urjauzi no fue consciente de esas señales. Al final de una pronunciada pendiente, separó unas ramas de sauce y pudo contemplar la quietud de las aguas de la laguna Lamioxin, de la que procedía el ...
Un blog de relatos

Qué maravilloso poema... Todos y cada uno de los versos llegan al corazón. Un abrazo
ResponderEliminarGracias, Nuria. Maite es mi hija. Últimamente, lo poco que escribo es pensando en ella. Un abrazo:
EliminarPilar...Tu poema nos muestra la generosa entrega y el sufrimiento de una madre...Tu oración llega al cielo, no te quepa duda...Todo tiene un orden y un sentido...y cuando todo pase, la fortaleza y la sonrisa serán el brillo de la madurez en la madre y en la hija...
ResponderEliminarMi abrazo entrañable y mi ánimo para las dos
Gracias, Mª Jesús. Un fuerte abrazo.
EliminarMuy sentido... Bello.
ResponderEliminarUn abrazo.
Gracias, Sara. Un abrazo.
EliminarEs un sentir precioso, las palabras cuando les pones dirección florecen... y pueden volar. Un abrazo grande
ResponderEliminarGracias, Ester. Un abrazo.
EliminarHermoso poema, de esos que llegan al interior.
ResponderEliminarBesos.
Gracias, Alfred. Un abrazo.
EliminarFelicidades. A ti por ella y a ella por ti.
ResponderEliminarUn abrazo.
Gracias, Chema. Un abrazo.
EliminarMmmm... Qué preciosidad MARIA PILAR! El amor de una madre puede con todo y este poema está repleto de tu amor y de la luz de tu hija ... Enhorabuena y un beso enorme !
ResponderEliminarGracias, María. Un beso!
EliminarUn abrazo. No hay palabras.
ResponderEliminarGracias. Un abrazo.
EliminarMuy hermoso. Un beso
ResponderEliminarGracias, Susana. Un abrazo.
Eliminarme encantas
EliminarGracias, recomenzar.
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